La ignorancia mata
Juan Emilio Drault
Gran frase de M.L. King que resume en buena medida la situación en la que nos hemos puesto como sociedades. 
Placa creada por Mans Unides.

Una de mis máximas en la vida es la frase «la ignorancia mata». Es un norte rector que me ha llevado a interiorizarme sobre muy distintos temas, biografías, historias y disciplinas.

Miremos la situación que estamos viviendo. Cada minuto asistimos a cientos y miles de muertes evitables. Vemos mucha gente exponiéndose a situaciones peligrosas desde la máxima ignorancia. Y finalmente esta pandemia es claramente el corolario de todo tipo de ignorancias sinceras y estupideces concienzudas.

Cuanto veo y pienso todo esto es que reafirmo esta frase que, junto con una buena ética personal y social nos convierten en mejores personas y nos mantienen a salvo. Al menos de las muertes absurdas, de los accidentes que no son tal si son evitables, de la deshumanización y de la violencia.

Por supuesto que salir de la ignorancia tiene consecuencias, buenas y  malas. Como toda decisión en la vida. Primero que es un camino de ida. Una vez que se avanza no hay forma de retroceder en lo que ya uno es capaz de ver. Y esto no siempre es agradable. Pero sin dudas construye un peldaño hacia el buen conocimiento. Y por tanto es un sacrificio que exige un esfuerzo, un compromiso y una continuidad. Algo así como una maratón que no tiene línea de llegada. Una larga marcha que toma todos los años de la propia vida desde el momento en que se decide comenzar a correrla. Y como en toda maratón hay altibajos. Momentos de mucha energía y claridad y momentos de automatización forzada por el deseo y la convicción. Quizás también por la reafirmación personal y el desafío. Pero siempre un avance. Siempre una necesidad de permitirse desafiar los propios conocimientos y preconceptos porque el camino tiene un grado de incertidumbre y cambios abruptos. Estamos en uno de esos momentos y hoy más que nunca la mente abierta, la gimnasia, ya no tanto del cuerpo (que también es clave que acompañe y nos brinde salud) sino del músculo mental junto con el emocional, nos permiten avanzar en tiempos de paralización. ¿Avanzar hacia donde? ¿Avanzar para qué? Estos son los puntos centrales de este artículo.

Salir de la ruta principal que marca la rutina ¿A cuántos les da pánico? ¿Cuántos están preparados?

Avanzar hacia dónde

Cuando uno decide participar voluntariamente de algún tipo de carrera o maratón el inicio y el fin de la misma ya nos son impuestos. Si el paquete completo nos gusta o desafía entonces participamos. ¿Qué sería de un grupo de corredores al que se le diga que empiece a correr pero nadie le indique hacia donde y con qué final o propósito? ¿Participaría alguien en una carrera que no tiene un destino y un camino claro? Si, pero déjenme afirmarles que son los menos. Y exactamente así es que está el mundo. En proporción es una minoría la que se animan a (re)correr y esforzarse para salir de la ignorancia pero sin un principio y un fin claro y definido, sólo un par de máximas muy sintéticas pero orientativas. Una enorme mayoría sólo recorren unos pocos caminos repetitivos y rutinarios. Y en cuanto una pregunta fundamental les abre una oportunidad de desvío hacia otros recorridos, muy probablemente evitarán siquiera mirarla por temor a perderse. Esto nos reafirma una certeza, y es que el espíritu aventurero aparece como un elemento imprescindible en la construcción del buen conocimiento, ese que nos aleja de la ignorancia. No es el único elemento pero es uno importante.

Sabiendo esto, el «hacia dónde» parece aún algo difuso. Porque aún teniendo esa disposición y espíritu aventurero de recorrer los caminos que esas preguntas incómodas nos ofrecen… ¿qué sentido tiene? Desviarse sin habilidades de navegación y sin al menos una brújula (o GPS) que nos marque un norte podría resultar fatal. Esto produce una situación recursiva. ¿Primero salimos del camino o primero nos preparamos? ¿Cómo nos preparamos para la incertidumbre sin salir del camino? Aquí, en este preciso punto, es donde todos de una forma u otra hemos tenido maestros o guías. La transferencia de conocimiento y experiencia que produce quien ya recorrió caminos es vital para animarnos, prepararnos, construir buen conocimiento y comenzar reduciendo riesgos. Quedémonos con estos conceptos y estas palabras clave: maestros, guías, mentores, discípulos, apadrinados, apadrinamientos. Claves que creo fervientemente puede ayudarnos a salir adelante y para lo cual ya les compartiré sobre un proyecto puntual.

La disposición para ayudar, para apadrinar, para ser mentores de quienes aún no tienen las herramientas para encarar una camino de incertidumbres.

Avanzar para qué

¿Cuál es el fin de quien decide primero que nada avanzar, ser mejor, por sobre quedarse estático o dando vueltas en círculo?

Las razones son varias, algunas muy personales, pero déjenme destacar una razón que hoy surge con mayor fuerza. Esta razón se llama responsabilidad. ¿Por qué? Porque por sobre los millones de seres humanos que hoy viven en la máxima vulnerabilidad estamos los que tenemos capacidad y posibilidad de avanzar y recorrer estos nuevos caminos que pudieran permitirnos construir un mundo mejor. No sólo porque tenemos resuelto nuestra nutrición biológica, nuestras necesidades esenciales, y nuestro acceso a tecnología y servicios, sino también porque tenemos posibilidad de nutrirnos de todo tipo de textos y -sobre todo- capacidad de interpretarlos gracias a haber logrado una educación superior a la media. Esto nos pone en una situación de responsabilidad social y moral. Lo contrario sería como tener a alguien muriendo en nuestro living e ignorarlo mientras elegimos qué película ver en Netflix. Eso ya nos pasa en este momento y la única diferencia es la distancia. No podemos permitirnos que lo que nos es invisible o lejano sea excusa para alienarnos e ignorar que el mundo hoy más que nunca precisa que aunemos esfuerzos y nos pongamos en acción. 

Pero tengo más que claro que somos una especie con un grado de egoísmo muy importante que más que combatirlo por momento pienso que tenemos que agotar ese egoísmo lo antes posible. La razón es que ese egoísmo es en buena medida el pulso interno y el tiempo en el cual nos construimos como individuos. Si la claridad, la sensibilidad y la empatía nos encaminan correctamente luego usaremos lo construido para iniciar un proceso de deconstrucción, de entrega, al fundirnos con el todo social al momento de devolver a la sociedad y al mundo aquello que nos permitió lograr ser. Por favor recordemos que nada, absolutamente nada, de lo que utilizamos como insumo para lograr ese objetivo de construcción personal fueron logros personales sino un escalón evolutivo sobre el que pisamos. Ni el conocimiento previo, ni los avances tecnológicos, o las facilidades que el mundo moderno nos brindó como espacios educativos, así como tampoco los alimentos que consumimos en el camino son una construcción propia individual. ¿Por qué entonces somos capaces de creernos con el derecho de pensar que lo logrado en nuestras vidas es un mero logro individual y no hay nada que devolver al todo social? ¿Acaso si nos criáramos solos en un campo sin acceso a todos los avances del conocimiento y la tecnología actual llegaríamos a nuestra vida adulta logrando un desarrollo intelectual y material igual o superior a la media del mundo que vive en sociedad?. No, no es así. Y aún sabiéndolo nos creemos con ese derecho. ¿No te parece que es un error demasiado común que nos convierte en grandes ignorantes? Tan grande ese este error que hoy lo convertimos en el horror del individualismo insolidario que destroza toda esperanza de abrazar un mundo capaz de ser por completo responsable del planeta y toda la vida que contiene. ¿Qué haremos al respecto? ¿Qué cambio de actitud tendremos? ¿Recordaremos que no se pueden conseguir resultados diferentes haciendo lo mismo?

Correr con convicción

La ignorancia mata.

Nos mata ignorar que somos un producto de una sociedad global y por tanto co-responsables del bien y del mal que produce.

Nos mata ignorar que estamos dando vueltas en círculos. Que precisamos pedir ayuda y ayudarnos mutuamente para tomar caminos nuevos y más desafiantes que nos permitan elevarnos logrando una mirada más amplia, global, humanizada y solidaria del mundo.

Nos mata ignorar que tenemos una enorme capacidad para desafiar los límites más extremos y más utópicos y por tanto no usarla para enfrentar a esos desafíos que precisamos conquistar y superar.

Nos mata ignorar que estamos evadiéndonos de las urgencias del mundo ahogándonos en un océano de entretenimiento distractivo para luego reclamar urgentemente soluciones paternalistas de parte de los Estados.

La ignorancia mata por inacción.

Ignorante es el que no sabe que no sabe.

Ahora que lo sabemos, que dejamos de ser ignorantes, demos el primer paso de la larga maratón.

Corramos la maratón de dar lo mejor para construir lo mejor.

Es urgente.

.    .    .    .

Escrito por

Vivo intentando tener la mente abierta. Trabajo como consultor ayudando a otros a hacerlo en el mundo tecnológico. Creador de este blog y muchos otros artículos y publicaciones en diversos sitios. Argentino y marplatense en particular, aunque me siento un ciudadano del mundo. Cuarenta y ocho años de vida y contando.

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