Acción social, desarrollo profesional, y reflexiones – Mar del Plata – Argentina
16 Jun
Ima Sanchez. Publicado en ‘La Contra’, diario La Vanguardia
La Abuela Margarita, curandera y guardiana de la tradición maya, se crió con su bisabuela, que era curandera y milagrera. Practica y conoce los círculos de danza del sol, de la tierra, de la luna, y la búsqueda de visión. Pertenece al consejo de ancianos indígenas y se dedica a sembrar salud y conocimiento a cambio de la alegría que le produce hacerlo, porque para sustentarse sigue cultivando la tierra. Cuando viaja en avión y las azafatas le dan un nuevo vaso de plástico, ella se aferra al primero: ‘No joven, que esto va a parar a la Madre Tierra’. Rezuma sabiduría y poder, es algo que se percibe con nitidez. Sus rituales, como gritarle a la tierra el nombre del recién nacido para que reconozca y proteja su fruto, son explosiones de energía que hace bien al que lo presencia; y cuando te mira a los ojos y te dice que somos sagrados, algo profundo se agita.
Ella nos dice: ‘Tengo 71 años. Nací en el campo, en el estado de Jalisco (México), y vivo en la montaña. Soy viuda, tengo dos hijas y dos nietos de mis hijas, pero tengo miles con los que he podido aprender el amor sin apego. Nuestro origen es la Madre Tierra y el Padre Sol. He venido a la Fira de la Terra para recordarles lo que hay dentro de cada uno.’
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21 Dic

Las tres vías del sufrimiento no son sino tres vías necesarias para la existencia humana pero que han sido distorsionadas en su normal funcionamiento. Trataré de explicarme. Tanto la sensación de lo que ahora vivo y percibo, como la memoria de lo que he vivido, y la imaginación de lo que podría vivir, son vías necesarias a la existencia humana. Cercenemos algunas de éstas funciones y la existencia se desarticulará. Acabemos con la memoria y perderemos hasta el mismo manejo de nuestro cuerpo. Eliminemos la sensación y perderemos la regulación del mismo. Detengamos la imaginación y no podremos orientarnos en ninguna dirección. Estas tres vías que son necesarias a la vida, pueden ser distorsionadas en su funcionamiento convirtiéndose en enemigas de la vida, en portadoras de sufrimiento. Así, sufrimos cotidianamente por lo que percibimos, por lo que recordamos y por lo que imaginamos.
Hemos dicho en otras oportunidades que se sufre por vivir en una situación contradictoria tal como la de querer hacer cosas que se oponen entre sí. También sufrimos por temor a no lograr lo que deseamos a futuro, o por temor a perder lo que tenemos. Y, desde luego, sufrimos por lo que hemos perdido, por lo que no hemos logrado, por aquello que ya sufrimos antes, por aquella humillación, aquel castigo, aquel dolor físico que quedó en el pasado, por aquella traición, por aquella injusticia, por aquella vergüenza.Y esos fantasmas que llegan del pasado son vividos por nosotros como si fueran hechos presentes. Ellos, que son las fuentes del rencor, del resentimiento y la frustración, condicionan nuestro futuro y hacen perder la fe en nosotros mismos.
…
Pero hemos dicho que hallaremos la solución al problema del sufrimiento en el sentido de la vida y hemos definido a ese sentido como la dirección a futuro que da coherencia, que permite encuadrar actividades y que justifica plenamente a la existencia. Esta dirección a futuro es de máxima importancia por cuanto, según hemos examinado, si se corta esta vía de la imaginación, ésta vía del proyecto, ésta vía del futuro, la existencia humana pierde dirección y ello es fuente de inagotable sufrimiento.
22 Nov
Pocas veces uno se pregunta ¿Cuál es el sentido de mi vida? sin embargo es una pregunta que de muy diversas formas se presenta a lo largo de nuestra vida. Creo que lamentablemente esta sociedad en la que vivimos no nos educa ni orienta para descubrir y fortalecer nuestro sentido de vida, así como no lo hace con la vocación que tan ligada está a este tema.
El sentido de vida en una definición muy simple podría decirse que es la estrella que nos guía en el camino de la vida, que nos permite darle una dirección, “un norte”, para orientar nuestra acción aún cuando los accidentes nos desvíen de ese camino. A partir de esto, y lo podemos incluso medir en nuestra propia vida, nos aparecen sentidos que podríamos llamarlos más o menos provisionales. ¿Por qué provisionales? porque muchas veces tomamos un objetivo y lo elevamos a “sentido de vida”, y tanto por lograrlo, como por no lograrlo, nos exponemos a caer luego en un vacío de sentido o vacío existencial. El famoso “listo, ya lo tengo, ¿y ahora qué?”. Esos objetivos vitales convertidos en sentidos de vida son lo que podríamos llamar sentidos provisionales. No son malos de por sí, pero hay que saber que están expuestos al accidente, y que cualquier cosa que nos lo impida, o sea cual fuere la razón por la cual los perdamos, nos va a dejar en situación de vacío y de sufrimiento, incluso al alcanzarlos!

Por lo tanto un sentido de vida no provisional es un sentido tan elevado que puede guiarnos sea cual fuera nuestra situación en la vida. Por eso es que una estrella es una alegoría ideal, porque no importa lo que nos pueda pasar, o cuantas nubes nos impidan verla temporalmente, pero siempre está ahí y siempre podemos volver a guiarnos.
¿Cuál podría ser un sentido no provisional? por dar algún ejemplo “Amar la realidad que construyes”, o bien “Superar el dolor y el sufrimiento”. o bien “Humanizar el mundo”. Visto así uno podría querer ser científico y generar un aporte en medicina, y estarías dentro del “Superar el dolor”, o podrías querer ayudar a los demás de muy diversas maneras y estarías dentro del “Humanizar el mundo”, o sea, son deseos tan sintetizados y elevados que permiten guiarte siendo coherente con lo que pensás y sentís.
Este tema tiene mucho que ver con qué es el sufrimiento y cuales son sus vías ya que el sufrimiento suele ser mayor o menor dependiendo de nuestro estado respecto del sentido de la vida.
Más información en esta charla muy clarificadora dada por Silo en Mexico en 1980.
Abrazos
5 Nov
Del libro “Antropología de síntesis” de Ramón Pascual Muñóz Soler. Largo pero vale la pena:
La humanidad entera abandona la ‘tierra de Egipto’ del antiguo mundo y penetra en el desierto en busca de su liberación. Es un desierto existencial en el el cual han desaparecido las huellas que marcaban el camino.
La tecnología moderna ha hecho desaparecer la imagen del mundo tradicional, las viejas instituciones están en crisis, y los líderes que conocimos son como luces que han quedado encendidas en una ciudad muerta: siguen dando las señales del pasado, señales que se refieren a un mundo que ya no existe. Ésta es la soledad del hombre actual, una soledad de significados.
¿Qué ha ocurrido?
Se han borrado las huellas materiales del camino. Mejor dicho, las referencias y recuerdos del pasado ya no me sirven de guía en la búsqueda de mi propia vida. Para comprender el mundo en que vivo ya no me sirven ni la imagen de mi ciudad, ni la del colegio en que me eduqué, ni las imágenes de mis padres o de mis maestros (en cuanto imágenes detenidas en el tiempo). Tampoco me sirven las huellas del pensamiento sistemático conformado en teorías científicas, sistemas filosóficos o doctrinas sociales y políticas -es decir, un pensamiento hecho forma, imagen, sistema-. No me sirven las creencias religiosas traducidas en fórmulas que no entiendo, no puedo orientarme por la idea de un Dios absoluto que esté fuera de la humanidad de la cual formo parte, no puedo convivir con un Dios impersonal ni tampoco con otro demasiado personal. No puedo orientarme por las galaxias lejanas ni por las estrellas cercanas. Del espacio cósmico recién abierto nos llegan señales luminosas, eléctricas, químicas y electrónicas, pero esas señales no me sirven par descubrir el significado de mi vida individual en el universo. No me puedo orientar tampoco por la idea de una conciencia cósmica abstracta -por alguna especie de ‘océano’ de conciencia cósmica que tan maravillosamente ha descrito la tradición espiritual de Oriente como símbolo de una conciencia que trasciende al hombre-, y no me puedo orientar por esas aguas porque el océano cósmico es como el océano de la tierra, hermoso como espectáculo pero voraz como abismo.Todas estas huellas que hemos mencionado y que durante siglos guiaron los pasos de los peregrinos de la Tierra se han perdido en una civilización de acero, de asfalto y de redes electrónicas, cuyas estructuras apuntan a utilidades prácticas pero no a significados existenciales.
Sin embargo, a medida que las antiguas señales se van borrando de la superficie del mundo material, sus modelos arquetípicos vuelven a encontrarse en otra parte, ya no en signos grabados en las piedras sino en rasgos impresos en el hombre.
Son los hombres nuevos los dadores de significado, los hijos del futuro que empiezan a poblar la tierra y a habitar el cosmos. En el alma de esos seres tendremos que aprender a descifrar el misterio del universo; ya no en el calendario azteca, en las catedrales góticas, en las pirámides de Egipto, en la Divina Comedia o en la Doctrina Secreta, sino en las almas similares. Me oriento en la vida y en el mundo cuando encuentro otra alma orientada, me ordeno por dentro cuando encuentro otra alma ordenada. No solamente las computadoras ordenan el mundo de datos, sino que hay ‘organizadores humanos’ que ordenan el mundo de significados. ¡Éstos son los guías en el desierto de la civilización moderna!
No se a ustedes. A mi este médico rosarino, que escribió este libro en los 70 me parece muy iluminado. Hay que saber leerlo con un mente abierta, ya que escribe con una prosa poética que permite transmitir conceptos y sensaciones muy pero muy interesantes. Les voy a ir publicando otras tantas partes de este libro que no tiene desperdicio agrupados en el tema Muñoz Soler.
Abrazos
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