El 2012 nos dejó un mundo más comunicado pero mas intolerante.

Un mundo con mas cámaras de seguridad pero más ciego.

Un mundo con más policías pero con más violencia.

Un mundo con más posibilidades pero con el futuro un tanto más cerrado.

¿Por qué será que ante esta degradación y deshumanización cuesta tanto decidirse por tomar el futuro en las propias manos y esforzarnos para construir algo superador?

El 2012 me dejó algunas respuestas y algunas preguntas que quiero compartir e intentar develar.

La primer respuesta que me dejó este año tiene que ver con la palabra “esfuerzo”. El mundo precisa más tolerancia, más introspección, más comunicación profunda, más empatía, más reconciliación, más imagenes de futuro con brillo, más respeto, más diversidad, más mancomunión, más creatividad, más espiritualidad y deseos más elevados, deseos más purificados.

Pero, ¿adivinen que hace falta además de desearlo para conseguirlo? Si, hace falta esfuerzo. Y me doy cuenta que mucha gente no encuentra algo que justifique e incentive generar ese esfuerzo extra que precisamos tanto. ¿Queremos un mundo mejor? Todos. ¿Estamos dispuestos a dar ese esfuerzo para el beneficio del conjunto? Muy pocos. La ecuación da un resultado negativo.

¿Qué nos pasa? No me dejó este año una respuesta concluyente. Pensé muchas pero ninguna me resulta definitiva. Aunque sí tengo esa sensación de estar aletargados esperando que otros vengan con la solución a todos nuestros problemas. De nuevo, un indicador más de la falta de esfuerzo, no?

Otra palabra clave que me dejó este año es “intolerancia”. El mundo se divide cada vez más en dos grandes culturas y visiones y todos los paises las tienen. Opuestas e intransigentes una no tolera a la otra. El abismo se amplía y el odio nos empuja hacia un “ojo por ojo” que nos va dejando tuertos y próximos a quedar ciegos. ¿Hemos elegido el bando? En su mayoría no. Estudiar y analizar en profundidad para elegir con mayor calidad requiere otra vez un esfuerzo y un tiempo que no se está dispuesto a buscar. ¿Es bueno que haya menos grises y las posturas estén más definidas? Si y no. Puede parecer bueno saber de que lado está cada uno pero esta profundización de los lados indica además que el abismo inter-cultural se amplía. Se nota en las ultra-derechas que ganan adeptos, en las reacciones de los sectores de poder económico y político, en la calle donde el odio y el deseo de matar a esa otra cultura que surgió de la marginación se hace más palpable, mientras sectores de la otra desea lo peor para los insensibles e insolidarios que los abandonaron.

¿Cómo resolver esta intransigencia y violencia cuando precisamos construir todos juntos de cara al futuro común?

El 2012 tampoco me dejó una respuesta concluyente solo me demostró que de las situaciones límite surgen manifestaciones horrorosas y hermosas, muchas de una calidad y sensibilidad que dan pistas de que la mejor evolución está haciendo de las suyas aquí y allá. Lo cual me da más fuerzas para continuar. Y me recuerda que la evolución tiene todo el tiempo del mundo. Si hacen falta miles o millones de años no tiene problema. ¿Que tanto puedo pretender alcanzar a ver desde mi corta vida?

Otra palabra que me dejó este año en mi mente fue la palabra “pandemia”. Sí, esa misma de la Gripe A con la que tanto nos bombardearon hace dos años y que desató gastos gigantescos de presupuestos. Mirando el mundo y reconociendo a las distintas formas de violencia como la física, psicológica, religiosa, sexual, moral y finalmente una de las peores de este año, la violencia económica, ¿cómo es que no reconocemos el riesgo y la difusión de la violencia como enfermedad individual y psicosocial como para declararla pandemia mundial? Si estamos en franco riesgo de morir de enfermedades que tienen un gran componente de violencia física, medioambiental y psicológico, y se hace difícil costear su curación por la poco reconocida violencia económica ¿cómo es que no podemos reconocerlo y resolverlo con todos los recursos a nuestro alcance? ¿Cómo es que no tiene máxima prioridad en la agenda política? Sin dudas las implicancias políticas y jurídicas de reconocer la violencia, y en especial la económica, como enfermedad son tan grandes que entrarían en crisis muchas instituciones pero ¿acaso es mejor mirar para el costado y seguir haciendo como que no existe?

Esto va de la mano de otra necesidad que me quedó clara en este año, y es la urgente necesidad de “discutir el futuro”. Hay tantas versiones y tantas percepciones tan disimiles que parece imposible lograr un consenso de lo que se quiere conseguir sobre todo en un contexto de intolerancia. ¿cómo podríamos construir un futuro mejor para todos (no algunos) si no promovemos la abierta discusión que ponga en evidencia estas enormes diferencias y usar esto como punto de partida para elevar y purificar los deseos comunes, para encontrarnos mancomunados en una instacia universalista? Por esto es que el 2013 será el año en que intentaré hacer las primeras experiencias piloto de lo que será (aspiro) más adelante la mayor encuesta mundial sobre la percepción del futuro y la violencia.

Me queda claro que tenemos una enorme necesidad de re-unión para un futuro reconocernos y sentirnos como un gran cuerpo viviente y armónico donde profesemos un progreso de todos y para todos. Y en ese proceso de sentirnos parte de un todo la evolución de las comunicaciones, la electrónica, la neurociencia y la informática juegan un rol fundamental, aún cuando aún estemos en una suerte de “jardín de infantes”, utilizando tan poderosa tecnología para publicar chistes en nuestro muro de Facebook. Pero ésta cada vez más constante presencia de los demás en nuestra vida diaria a través de las redes sociales, esta capacidad actual de lograr relaciones persistentes en el tiempo que aumentan exponencialmente nuestro universo de relaciones, y la avanzada de la conexión permanente a Internet que nos incomoda cuando por algún inconveniente se ve truncada, dan muestras de algunos indicadores de un avance importantísimo. Esto es algo que el 2012 me mostró como algo positivo sobre todo por algunos procesos que se dispararon a partir de redes sociales, que comienzan a funcionar como reconstructoras de un tejido social seriamente dañado por un sistema que propicia el individualismo y el “divide y vencerás”.

Para finalizar, el año me dejó una preocupación en relación al cambio climático, a la cantidad de terremotos que sufrimos, y las catástrofes que son un sub-producto de la acción del hombre. Muy de la mano éstas de una cultura consumista ecológicamente irresponsable, un sistema económico que no admite crecer sin destruir a su paso, y el veneno de la especulación dentro de una era transaccional donde para dar algo necesariamente debo especular para ver qué y cuánto recibo a cambio para asegurarme el futuro en forma totalmente insolidaria en un esquema de ganadores y perdedores que atomiza los recursos y el poder.

Hace ya 2 años que comencé el proyecto de Mundo sin Dinero y si bien es una apuesta al futuro porque aún cuesta mucho que podamos pensar “fuera de la caja” e imaginar un mundo completamente distinto con un paradigma de economía solidaria, aún así creo que el propio sistema capitalista e incluso el avance del cambio climático nos obligarán dentro del shock que producen a replantearnos el camino a seguir porque en la actualidad entre los recursos y las soluciones se encuentra la barrera del dinero, el cual no fluye ni alcanza, por lo que es probable que más temprano o más tarde se produzca una implosión. El 2012 me dejó algunas muy buenas señales y el 2013 es una esperanza, como todo año que comienza.

Ojalá despertemos, imaginemos, nos esforcemos, tomemos conciencia de la violencia y actuemos juntos para desactivarla permitiéndonos crear brillantes y multicolores burbujas de creatividad y sueños que nos movilicen. Porque no hay nada que produzca mayor felicidad y entusiasmo que un futuro abierto y brillante con acciones concretas que paso a paso lo acercan al presente.

Para todos les deseo un 2013 lleno de interesantes desafíos que nos hagan salir del individualismo y la apatía!

Un fuerte abrazo.