Ojo de la inseguridadPara entender qué genera la inseguridad es mejor empezar analizando cómo se genera seguridad. Y sin dudas el más práctico ejemplo es el de la familia.

Cuando se tiene la suerte de nacer en una familia que nos ayuda en cada paso que damos, que nos protege porque está previendo nuestros próximos pasos en la vida y nos provee recursos para avanzar y prepararnos, para descubrir, para nutrirnos, para desarrollar nuestra vocación. Y si en ese entorno no se estimula la competencia individualista sino el trabajo en equipo, el apoyo, el entendimiento, la comunicación, la solidaridad, el preocuparse por el otro, el progreso de todos y para todos, esta familia estará brindando amor y seguridad a sus miembros, enseñando valores. Y aún cuando el contexto externo sea de crisis sus miembros sentirán esa seguridad y ese respaldo, porque habrá una contención y tendrán herramientas internas. No se sentirán seres devaluados, discriminados, desatendidos, des-amados. Por el contrario sentirán que aún en la adversidad tienen su futuro asegurado. Y cuando el futuro está abierto y se reúnen estas condiciones que brinda seguridad en todos los aspectos, esas personas transmitirán esa seguridad y esa misma contención a su medio inmediato. El efecto es multiplicador, y la unión de familias generarán una comunidad fuerte donde no habrá inseguridad porque todo ser humano será valioso, atendido, ayudado, amado, y no descartado, discriminado ni violentado como hoy pasa tan ámpliamente.

El origen de la inseguridad actual tiene varios niveles de análisis. Pero el más básico es el individualismo que propicia un Sistema y una cultura que funcionó y funciona desde el “divide y vencerás”, atomizando a las familias y a sus individuos, rompiendo la comunicación profunda, incluso rompiendo la comunicación del ser humano consigo mismo que para no sentir el vacío existencial y evitar el diálogo interno se llena el silencio con estímulos externos. El individualismo es la involución, pero al mismo tiempo, es parte de una necesaria crisis de evolución. Ese mismo individualismo es el que desconecta a unas personas de otras, ya no sólo dentro de una familia sino dentro de una sociedad. Y esa desconexión que ya lleva años de avance muestra como resultado el desamparo a toda escala, y la enorme distorsión deshumanizante que hoy sufrimos al enfrentarnos tanto a un ladrón armado, como a un político desalmado o un empresario altamente adaptado a las “reglas de juego”.

Por supuesto que el siguiente y más importante nivel de análisis es el negocio y la especulación detrás de la tan mencionada seguridad e inseguridad. Así como las guerras son en principio un gran conflicto de intereses económicos o políticos, la venta de seguridad y la generación de inseguridad son también grandes negocios que entregan ganancias en el orden de los miles de billones. Las mismas empresas que proveen seguridad privada son las mismas que contratan mercenarios (policías y militares retirados) y los alquilan a gobiernos y empresas. Las mismas instituciones policiales, judiciales y políticas que proveen seguridad institucional son las mismas que se ven corrompidas por este enorme capital en danza y miran para el costado o protegen, juzgan, reglamentan, con un marcado favoritismo hacia el lado de la balanza que entrega importantes sumas de dinero como “colaboración”. O simplemente se convierten en matones violentos al servicio del corruptor. Y en la raíz de todo esto está el individualismo a ultranza, la deshumanización, la falta de futuro que por contraposición genera pragmatismo ciego, cínico y asesino.

Entonces cuando hablemos de inseguridad, no pidamos más policías, leyes más punitivas, cárceles más grandes, condenas más largas, penas de muerte, policías de gatillo fácil…

Pidamos humanizarnos y trabajemos todos por la reconexión. Generemos ámbitos de charla donde podamos elevar el punto de vista para entender que no puede haber verdadero progreso humano si no es de todos y para todos. Y cuando digo todos, es todos, no algunos. Y que es injusto y violento que uno tenga la suerte de nacer en una familia con recursos y muchos otros millones no, y que tengan que sobrevivir e intentar avanzar desde condiciones altamente adversas y violentas. Esa violencia vuelve, y esta volviendo, todos fuimos parte porque desentendernos del progreso de muchos millones de esta gran familia global que somos, produce millones de personas descontentas que no conocen ni encuentran mejor salida que la salida catártica y violenta. Nada de esto se soluciona con métodos violentos. Hoy hay que dar respuestas puntuales es cierto, pero lo realmente urgente es sentarnos a discutir y consensuar lo que necesitamos y queremos para el futuro común de la humanidad. En base a eso se podrán tomar mejores decisiones hoy. Pero sin comunicación, sin consenso, sin diversidad de ideas, sin oportunidades y sin un punto de vista más elevado, vamos a lamentablemente ver como se incrementa día a día esta inseguridad que está instalada en el interior de millones de personas en el mundo. La inseguridad que produce el desamparo, la falta de futuro, o el temor al presente y futuro que se traduce en sufrimiento y violencia interna y externa.

Hablemos más, discutamos abiertamente el futuro, aprendamos a ser más tolerantes, adhiramos a una instancia universalista que provea un punto común de unión en la diversidad, humanicémonos, intencionemos en ser mejores y hacer una diferencia positiva ahí donde estemos y actuemos. Imaginemos un mundo donde el progreso sea de todos y para todos.

Muchas veces en la vorágine diaria lo mejor que podemos hacer es no hacer nada. Pero desde esa supuesta “nada” comienzan a surgir mejores puntos de vista y mejores acciones tras la reflexión. A veces es mejor salir al mundo y hacer muchas cosas con y por otros. Un buen equilibrio de ambas cosas creo es lo mejor para todos. Espero lo podamos encontrar.

Pero sobre todo espero que nos esforcemos por despertar la empatía por todos y cada uno. Esa empatía que nos permite sentir, conocer y reconocer al otro. Sus dificultades, su lucha, sus deseos, sus aspiraciones. Y en ese reconocimiento descubrir que aún aquellos que viven realidades y culturas que aparentan ser diametralmente opuestas, son en su esencia personas que han crecido entre condiciones, que no han elegido ningún bando, que han sido muchas veces víctimas de sociedades, familias y Estados que los han dejado desamparados en muchísimos aspectos.

No puede una herida sanar si ambas orillas no se unen. No se puede cerrar el espacio en la herida si no hay intención de sanar. No podemos quedarnos como simples espectadores del dolor que empeora con el tiempo.

Requiere un esfuerzo y una coherencia pero el resultado es altamente positivo, porque sobre todo comenzará a generar la seguridad que todos queremos. La seguridad de tener un futuro abierto y de ser personas plenamente desarrolladas y amadas en una sociedad sin seres humanos “ganadores y perdedores”. Una sociedad y un mundo diverso y humanizado con progreso de todos y para todos.