Hace ya mucho tiempo que vengo entre meditando y trabajando este tema de la colección de polaroids de percepción que uno acumula a lo largo de su vida y sobre las cuales construye la propia realidad, creencias y recuerdos. Estas “polaroids” son fotos de instantes que percibimos, y que procesamos poniéndoles cargas muchas veces negativas, y esa interpretación se basa muchas veces en parcialidades e interpretaciones erradas. A veces se tratan de símplemente un día malo de la otra persona que nos miró de una manera y sumado a otras percepciones y recuerdos sumamos todo en una de estas “polaroids” para decretar de allí en más que esa es una mala persona que nos quiere hacer algo malo, por dar un ejemplo. Y visto desde otros ángulos fué quizás tan solo un conjunto de circunstancias y el ojo crítico disparó esa polaroid que pasará a engrosar el enorme archivo de memorias que van a condicionar de por vida la relación con ciertas personas, la relación con ciertos espacios, la propia relación con un mismo incluso! ya que ese mismo ojo crítico funciona 24 hs retratándonos en esos momentos que interpretamos muchas veces erronamente y el conjunto de “disparos” nos va condicionando día a día hasta creernos eso, ese mapa de polaroids, ese paquete gigante de percepciones instantáneas teñidas por mil y un efectos, efectos opticos, efectos químicos, efectos ambientales, que al igual que en una foto, terminan produciendo una imagen distorcionada de la realidad, pero que pasa a ser nuestra propia versión “oficial” de la realidad.

Y así como en una foto que solo es una versión absolutamente parcial de una realidad retratada en un medio plano de tan solo dos dimensiones, deja afuera infinidad de detalles que suceden alrededor de la foto pero que no quedan en nuestro recuerdo porque no fuimos siquiera capaces de percibirlos. Así que en este juego de polaroids de percepción instantánea entran en juego nuestros propios sentidos y nuestras propias “lentes”. Nos empecinamos tanto en mirar con lentes que tan solo nos muestran detalles y usamos tan poco lentes de gran angulo para ver una foto mucho más grande de esos eventos, que terminamos acumulando enormes cajas de polaridos de detalles, que caprichosamente las vamos pinchando en un corcho mental para sacar conclusiones apresuradas de mucha gente y de muchas situaciones, porque vemos a esas personas y a esas situaciones en tan solo dos dimensiones, no vemos la profundidad en esa gente, no vemos su interioridad, no las vemos como seres humanos que aún tras sus logros y frustraciones buscan como nosotros superar su dolor y su sufrimiento, buscan aprender, buscan algún espacio para ser felices, aún con pocas herramientas, aún con pocas “lentes”.

Es bueno entonces aún cuando vayamos por la vida sacando polaroids de percepción instantánea, tengamos la delicadeza de quitar el ojo crítico de la lente, mirar la situación girando un poco la cabeza, abriendo un poco la mente y hacer algunas anotaciones detrás de esa polaroid que nos permitan recordar mejores y más profundos detalles para darle la calidad de tres dimensiones.

Y nunca está de más cambiar la película por una de mayor sensibilidad, porque ir por la vida mirando en forma desconectada, sin poder sentir al otro, sin poder registrar sus deseos y frustraciones, es ir por la vida siendo fotoperiodistas del absurdo y el sin-sentido.