Hoy día se habla del igualitarismo en la búsqueda de una sociedad de bienestar para todos. Lo cual es mi más profundo deseo. Pero el solo hecho de vivir en un mundo donde existen “leyes de mercado” y peor aún, donde hay “mercados”, a los cuales se subordina la actividad comercial y especulativa de todos los países del mundo, hace que crea por completo en la incompatibilidad de igualitarismo y capitalismo. En este sentido, coincido plenamente con las posturas de presidentes como Evo Morales, que hacen un llamamiento a combatir el capitalismo, pero con una diferencia, quizás la palabra “combatir” sea un llamador que funciona, pero construir desde una postura de “combatir” no es de mi mayor agrado, porque esa palabra presupone aplicar energía contra lo establecido, y creo que más que gastar energía en combatir hay que aplicarla por completo en construir nuevas opciones y nuevas realidades haciendo vació a lo establecido para que progresivamente nuevas generaciones se formen y crezcan dentro de nuevas opciones que demuestren ser mejores, más humanistas, más igualitarias.

Desde esta posición es que hoy participo en el Centro de Estudios Humanistas marplatense desde el cual estaré en octubre presentando en Buenos Aires, durante el Simposio Fundamentos de la Nueva Civilización, mi visión sobre la Economía Solidaria Humanista, y el libro “Cartas del Futuro”.

Mientras vivamos en una sociedad transaccional donde para recibir hay que dar, y para dar primero alguien nos tiene que dar algo, generando que la solidaridad sea la excepción y no la “regla”, es que resulta creo muy difícil superar el individualismo y el egoísmo para alcanzar el igualitarismo.

Igualitarismo de oportunidades. Oportunidades para vivir como merecemos, desarrollar nuestro intelecto, nuestras emociones y nuestro cuerpo, para permitirnos pensar, sentir y actuar como seres solidarios y conscientes de ser parte de un todo, donde no podemos desatender a ningún sector, y donde el fracaso de algunos es el fracaso de todos, así como el éxito de algunos debe ser en beneficio de todos.

El Capitalismo reinante, basado en intercambio de bienes y servicios por una moneda, exige que todos y cada uno especulemos en beneficio propio, convirtiendo al otro en una herramienta económica para mi provecho, y exigiendo involucrar una subjetividad que pone valor al objeto o servicio dentro de un “mercado que regula o desregula” según la conveniencia de los poderosos y políticos de turno. En esa acción se cosifica en mayor o menor medida al otro para poder tomar del otro un recurso que preciso, y donde el “ganador” (desde la óptica Capitalista) será quien sepa acumular mayor riqueza a costa de otros que dejarán de tenerla, en un juego muchas veces violento de ambiciones, poder, prestigio y finalmente explotación de personas y recursos. El ser humano promedio se contentará con ser empleado de alguien para ganar lo necesario para su subsistencia y la de su familia, y los menos (en proporción) desarrollarán profesiones o serán emprendedores. Enormes multitudes ven sus vidas comprometidas al punto de poner en peligro su subsistencia, precarizando su presente y viendo cerrado su futuro. En este escenario dantesco pensar que los excluídos podrán salir adelante sin el apoyo de las capas medias ocupadas en intentar mantenerse o escalar, o que las capas altas decidirán socializar sus recursos, o que el Estado falto de participación podrá distribuir recursos eficientemente sin ser vampirizado por los corruptos y “vivos” de turno, es creer en el mejor de los casos en espejitos de colores.

El igualitarismo es una aspiración muy noble y elevada, que ojalá muchos, y cada vez más compartamos, pero para lograrla tenemos que poner a prueba nuestra capacidad de repensar y cambiar paradigmas, de cambiar visiones, valores, sensibilidades, y re-educarnos, rompiendo barreras, reconectándonos desde otro lugar más sincero, más humano, ausente de la especulación negativa cosificante, viendo y destacando las virtudes que todos tenemos como individuos y sociedades.

El igualitarismo se logrará cuando eliminemos el concepto arcáico y desgastado del dinero, dejando atrás la Era Transaccional, y entrando en una nueva Era Solidaria de la nueva civilización planetaria.