Cuando se habla de que las “instituciones están en crisis” no se termina de entender bien qué significa, uno cree que no tienen plata, o hay alguna crisis organizativa. Pero lo cierto es que la palabra “institución” es tan abarcativa como el matrimonio, la familia, y también el Estado o la Democracia. Esto es así porque la palabra “institución” hace referencia a lo siguiente (según Wikipedia):

Las instituciones son mecanismos de orden social y cooperación que procuran normalizar el comportamiento de un grupo de individuos (que puede ser reducido o coincidir con una sociedad entera). Las instituciones en dicho sentido trascienden las voluntades individuales al identificarse con la imposición de un propósito en teoría considerado como un bien social, es decir: normal para ése grupo. Su mecanismo de funcionamiento varía ampliamente en cada caso, aunque se destaca la elaboración de numerosas reglas o normas que suelen ser poco flexibles.

Así entonces la institución “Estado” y la institución “Democracia” en relación directa con otras tantas instituciones que hoy están en crisis, se han ido vaciando de sentido, y el descrédito y la falta de participación es cada vez mayor. La razón de que esto ocurra en muchos casos ha sido planeada por organizaciones políticas de los países del Norte que de apoyar grandes dictaduras que se les iban de las manos, prefirieron pasar a apoyar grandes democracias (formales) con un cúmulo de políticos corruptos, los cuales eran más manejables. Por suerte para nosotros, la impericia y la ingenuidad en temas de política exterior en países latinoamericanos nos permitió que muchos gobiernos ultra capitalistas (neo liberales) fracasaran y nuevos gobiernos de izquierda tomaran su lugar, y así hoy Latinoamérica vive una etapa muy distinta. Pero llegamos el punto crítico que inspira mi artículo. Aún cuando las democracias actuales son en gran medida formales porque el pueblo realmente no tiene mayor poder de decisión salvo en una elección cada unos años, ni los pueblos tienen mayor interés en involucrarse en los temas de la política, lo cierto es que aún cuando tuvieran, y tienen porque canales hay, es que la pregunta que me surge es “y si el pueblo no quiere gobernar?”. La realidad muestra que siempre y cuando cada cual pueda tener plata suficiente para sus necesidades básicas, su esparcimiento, viajes, etc., difícilmente se interese -o pueda/quiera- involucrarse en temas de política. La realidad nos muestra que la educación cívica que se enseña en la escuela nada dice de cómo es que cada ciudadano tiene un deber dentro de la sociedad que lo ampara, y cómo ejerce su poder desde su lugar como ser-que-decide. Y también vemos cómo la política ha sido demonizada, y sumado a que los políticos llamados “profesionales” actúan de una forma tal que genera rechazo en todos nosotros, lo cual produce un cóctel que altamente nocivo. La institución “Democracia” entra en un vacío de participación que deja aún más abierto el juego para los ladrones, corruptos y especuladores. Así entonces mientras por un lado se le pide a un gobierno (al que se deja “solo”) que solucione las problemas, por otro lado no se participa, no se ayuda, no se audita, no se controla, no se presiona, ni se organiza la gente para ejercer su poder de opinión y decisión, y en ese sálvese cada cual como pueda nuevamente el “divide y vencerás” definitivamente vence.

Está claro que decidir y ver que las decisiones producen acciones positivas es algo que todos queremos. Para eso hay que cambiar leyes y organizaciones, pero al margen de cambiar leyes, hay que querer y poder participar. Ahí entra en juego otra gran crisis, la crisis de un Sistema económico que mantiene a todos tan presionados y ocupados en su subsistencia que impide que aquellos que están económicamente activos puedan involucrarse, mientras que los desplazados o presionados al límite salen a las calles a protestar pero en una enorme dicotomía, las clases medias ven como enemigos a los desplazados. Mientras los desplazados crecen en número y los de las clases medias hacen malabares para no caerse de su posición social, los de las clases altas buscan la forma de reducir costos y ser más competitivos, pagando menos, reduciendo personal, importando, moviendo sus fábricas a paraísos fiscales o países donde pueden utilizar mano de obra del neo esclavismo.

Las consultoras dicen que en los sondeos la democracia como forma de gobierno en países como Estados Unidos nunca antes tuvo una imagen negativa tan grande. La falta de educación en la solidaridad y la no-violencia produce nuevas tendencias hacia las derechas, derechas que resuelven los problemas con la expulsión, la discriminación, los recortes, la imposición, y todo tipo de violencias que profundizan los problemas.

Esta institución “Democracia” necesita ser revisada, lo mismo el rol del Estado, que ante la necesidad de dar mayor cobertura y solución a los problemas que este Sistema produce se vuelve más grande y más productor de impuestos y retenciones, mientras las clases medias y altas se vuelven cada vez más insensibles profundizando la visión de “vagos” e “inservibles” hacia todos aquellos seres humanos que son excluidos y expulsados del Sistema ya desde el momento en que nacen.

Pero sobre todo, el interés de tomar el futuro en las propias manos, y la necesidad de gobernar nuestro futuro, nos exige que de una forma u otra participemos solidariamente en las decisiones buscando el beneficio del conjunto. Porque de otra forma, no importa que tan lejos se nos pueda ocurrir irnos a vivir, la crisis nos afectará de todas formas, y mirar para otro lado, y dejar que “las cosas las arreglen otros”, no hará más que agravar el problema y que sea cada vez más difícil de solucionar cuando estalle.