Esta frase conocida de Gandhi “Ojo por ojo y el mundo se quedará ciego” ya es una realidad en curso… es creo la mejor síntesis del actual estado de las cosas, y la perversión de este sistema que no hace más que generar todas las violencias posibles: físicas, psicológicas, económicas, religiosas, morales y sexuales.

Ayer veía justo la excelente película española “Celda 211” en la que actúa Alberto Ammann (Juan en la película), hijo de mi amigo Luis Ammann. Y hoy leía una nota sobre Estados Unidos queriendo reinventar su sistema penitenciario

En Argentina empezamos a transitar un camino por el que Estados Unidos ya está de vuelta. El pedido de condenas largas por parte de la sociedad en vez de la búsqueda de la rehabilitación. Esto obliga a encerrar más y más personas y las cárceles se vuelven amplificadores de violencia y una suerte de alfombra gigante bajo la cual barrer personas (por un tiempo). No tiene sentido común pero es lo que se demanda, así que es lo que se ofrece. Poner más policía, apresar más gente, ponerlos en cárceles por la mayor cantidad de años posibles, y mirar para otro lado… hasta que esa realidad vuelve años después amplificada y convertida en un problema varias veces peor. En el camino la sociedad se vuelve más y más insensible con aquellos que padecen la exclusión y la pobreza, y la mirada se hace animalizante. Los violentos pasan a ser animales que nacieron violentos y deben ser sacrificados, así que si la víctima o la policía los mata sonríen contentos. Progresivamente la mirada, arrastrada por el miedo y la paranoia que los medios se encargan de amplificar y el público consume en grandes dósis, comienza a extenderse a la pobreza en su conjunto. Un pobre es alguien peligroso, y si se pudiera cercar la ciudad y dejar afuera a los pobres en una suerte de neo-feudalismo, muchos se meterían gustosos dentro de esas paredes y que los de afuera se las arreglen. Pero ya existe!. Algunos tienen suficiente como para vivier entre paredes y cercos de un barrio privado, pero la pobreza sigue ahí afuera acechando e incluso se cuela por los alambrados. Algunos entonces compran el arma, obscurecen los vidrios del auto, y se preparan para el tiroteo en caso de necesidad incluso arriesgando la vida de todos. Pero la pobreza sigue ahí, y aunque se se evite un robo hay aún cientos más de pobres. Entonces se piden refuerzos, más patrulleros, policías, más armas en la calle, en los comercios, en los autos. La policía siendo parte del mismo sistema está corrupta y las zonas se liberan, y algunos policías negocian con la inseguridad y con la impunidad de menores, o se convierten ellos mismos en ladrones y abusadores. Así el supuesto aliado también se convierte en enemigo por tanto hay que tener cuidado de los pobres, y ahora también de los policías. Y si la policía está “maniatada” por las leyes hechas para proteger derechos fundamentales, los policías del gatillo facil pasan pronto a ser los nuevos heroe a quienes se lo aplaude por haber matado a uno de esos animales. Con todo esto “los animales” se sienten cada vez más amenazados, más abandanodos, sin ningún valor como personas, y sin futuro mejor que la muerte o la carcel. Así entonces ya no preguntan ni respetan códigos, disparan primero y luego roban (o a veces ni tan siquiera). Nada importa, el futuro que tienen delante es claro. Morir en un tiroteo, en la carcel, o por drogas baratas (que ya les quemaron el cerebro en muchos casos). Mientras tanto la misma sociedad y la policía armada generan más violencia, y matan a nuestros chicos y a otras personas en arranques de locura, equivocaciones, disputas entre vecinos, discusiones en el tránsito, o bien explotando ante la más mínima incitación. Entonces mientras los bandos se dividen cada vez más, los excluídos son cada vez más excluídos, y los ricos son cada vez más ricos. Las víctimas y sus familiares piden penas ejemplares, y hacen del ojo por ojo su bandera insignia. Y mientras unos piden pena de muerte, otros piden más gente presa, y exigen seguridad para sí mismos aunque se libera la calle cerrando toda conexión con el mundo externo cada vez más temprano y así la seguridad de los demás no importa, ni tan siquiera la del vecino que vive a metros. En una suerte de “divide y vencerás” el individualismo deshumanizante va en aumento y el triunfo es de la violencia, de la corrupción, del negociado, de la ineptitud, que gana espacios gracias a la desarticulación de una sociedad que no sabe (o no quiere) organizarse, no sabe exigir por los canales correctos, ni por vías no-violentas. Así los espacios políticos son ocupados por personas al servicio del negociado, los jueces y el sistema judicial se perpetúan impartiendo injusticia, el comisario se hace aliado del crimen y los poderosos, los medios manipulan a gusto la opinión pública criminalizando aún más la pobreza y vendiendo puertas blindadas, alarmas monitoreadas, transporte de caudales, y seguridad privada de la cual son accionistas directos o indirectos.

Mientras tanto quien ingresa a una cárcel se encuentra con ninguna opción de rehabilitación. Por el contrario debe hacerse más violento para sobrevivir, debe usar su gimnasio improvisado para hacerse más fuerte, y comparte el tiempo con otros presos reorganizándose y aprendiendo para cuando salga. Y si cuando sale quiere salir del círculo, su pasado lo condena, sus únicos amigos son violentos, y mientras ve cómo las puertas no se abren o se cierran las pocas que encuentra, se vuelve a reencontrar con el crimen como su única opción en un ciclo que sabe se seguirá repitiendo, lidiando con policías y una sociedad que lo condena, maltrata, y sigue excluyendo de toda posibilidad de una vida mejor. Así que hace del ojo por ojo su bandera insignia y arremete contra esta sociedad de la que somos parte y que nunca le dió mejores oportunidades, y que a ojos vista no le dará nunca nada mejor. Así que robar y matar es casi un acto de justicia, su justicia por mano propia, su posibilidad de ser un Dios vengativo que tiene en sus manos la vida o la muerte de quienes lo excluyeron.

Entonces lamentablemente ambos bandos flamean la bandera del “ojo por ojo”, y así como el amigo Gandhi dijo tan sabiamente, todos nos quedaremos ciegos, mejor dicho, todos nos estamos quedando ciegos.

Romper el círculo y la inercia de un sistema que deshumaniza y violenta es la única opción posible para salir de la ceguera y empezar a ver todo desde una perspectiva más elevada y superadora.

Depende de todos y cada uno tomar esta opción y ser agitadores y cohesores. Agitadores para despertar a esta nueva salida. Cohesores para re-articular esta sociedad desmembrada en dirección a una solución no-violenta y humanizante para lograr una sociedad que haga de la solidaridad, y no del ojo por ojo, su bandera insignia.