Si el resultado de la masacre de “reivindicación” o “venganza” en Virginia Tech por parte de Cho Seung-Hui demostraba que personas e instituciones no habían hecho nada por él en años, ahora se confirma aún más.

Leyendo un artículo del diario La Tercera de Chile, del día 30/8/2007, mencionan varios puntos que lo demuestran:

  1. Cho había sido violentado reiteradamente, discriminado, acosado, y así lo demostraba incluso en un trabajo que realizó para la clase de inglés en la facultad donde describió una masacre similar a la que luego realizó. Qué hizo el profesor? buscar ayuda? intentar acercarse? no, fué a la dirección con su escrito para ver si decidían sacarlo de esa clase. Decidieron no hacerlo.
  2. Una profesora suya titular de una clase de escritura creativa dice que se sentía invadida por la violencia de sus textos. O sea, Cho “destilaba” violencia. Alguien hizo algo? hasta aquí ningún artículo que haya leído da cuenta de que alguien de los que hoy hablan de su violencia hayan intentado ayudarlo.

Ahora bien, el en su último escrito dice que responsabiliza a la sociedad estadounidense por hacer lo que hizo, que -hablando de los niños ricos- “sus mercedes no les alcanzaban, consentidos”… a lo cual traigo a colación un texto de mi amigo Guillermo Sullings:

Es como si hubiera una guerra civil no declarada. Y en las guerras se trastocan los valores: no hay amor, no hay compasión, no hay respeto, no hay códigos de convivencia, y todo se justifica en la lucha contra el enemigo. Enemigo es el que tiene más que yo, porque lo culpo de lo que no tengo. Enemigo es el que tiene menos que yo, porque siento que me asecha. Enemigo es el que tiene igual que yo, porque estamos compitiendo y no permitiré que me saque ventaja. Y con el enemigo vale todo, vale la traición, vale el despojo, el robo, el crimen, la explotación, y la indiferencia ante su sufrimiento.
Así las cosas, el delincuente no se siente delincuente, se considera un justiciero que toma lo que la sociedad le niega. El que odia a los que más tienen, no se reconoce como un resentido, siente que con su odio hace justicia. El que desprecia a los perdedores, está convencido de que son inferiores y tienen lo que merecen. Cada cual conforma su escala de valores de acuerdo a su propia violencia interna, y en función de ella proyecta su violencia afuera.
Esta violencia, en la medida que las personas logran mantenerse dentro del sistema, suele analizarse dentro de los “carriles legales”, y se ejerce la violencia bajo el amparo de la ley. Pero en la medida que más gente va siendo marginada del sistema, aumenta la violencia considerada
ilegal, creciendo los desbordes y la consecuente represión, que realimenta el círculo vicioso de la violencia.”

Lo peor es que atrás de estos hechos les puedo asegurar que la pregunta que queda flotando en los pasillos de la universidad es “Pero qué le hicimos nosotros para que nos haga esto!?”. Es la misma pregunta que muchos buenos ciudadanos ingenuos, desinformados y con su subjetividad totalmente maniatada se pregunta de los pueblos árabes “Qué les hicimos para que nos ataquen!?”.

Saludos