Arbol en planetaCuando pienso en la humanización de la economía -tema que me tiene cautivado hace ya tiempo- hay que pensar en el futuro. Pero no es posible pensar o hablar simplemente de “La economía del futuro”, porque de hacerlo estaríamos quitando el eje evolutivo de ese futuro superador: el ser humano. Por lo tanto tenemos que hablar de “La economía del hombre futuro”. Esta nueva economía sólo puede ser posible ante una necesaria evolución del ser humano. Ya no alcanza con avanzar el método o la teoría económica. El único camino posible es la elevación de la consciencia, porque de esa elevación de la consciencia depende la superación de los principales males actuales. Hablo de la desconexión e incomunicación, del egoismo, del deseo desenfrenado, de la falta de sentido, de la especulación, de la competencia, de la violencia interna convertida en actos violentos de posesión, de cosificación de personas, de explotación, de expansionismos con deseos imperialistas, de dominación de unos sobre otros, de control de recursos y patentes, de violencia generada desde los centros políticos y económicos, y de la violencia que ante todo este espanto y toda esta desorientación se genera en el interior de todo ser humano de la mano de la contradicción, de pensar, sentir y actuar en direcciones no concordantes, no unitivas.

¿Cómo compatibilizar el pensar el futuro -¿lejano?- con el presente que desde su acuciante realidad nos arrastra a todos a situaciónes de presión, de cristalización de la vida, de grandes contradicciones y grandes injusticias y violencias asociadas? Al pensar la economía del hombre futuro, y al entender la gran necesidad de elevar nuestros niveles de conciencia y de comprensión del fenómeno humano, hablo entonces de la necesidad de tender un puente entre el hoy y el futuro, pero también desde el futuro hacia el hoy. Precisamos hoy ya con caracter de urgencia entender que precisamos mirarnos hacia adentro, que precisamos desperar el ojo de la auto-observación que nos permitirá estar atentos para tomar un camino diferente y dar respuestas diferentes a las mecanicidades y compulsiones actuales. Y precisamos viajar al futuro para desde allí entender que ese futuro de una Nación Humana Universal es la realidad a la que nuestros más profundos deseos aspiran, pero que no se animan a convertirla en algo vivencial ante tantas fuerzas de choque de la realidad actual (precisamos saltar a otro plano para creerla posible). Para “viajar” con nuestra mente y nuestros registros a ese futuro, y alcanzar a “palparlo”, a registrarlo, a sentirlo en nuestro corazón, precisamos recorrer un camino, un camino que no es más que una serie de experiencias, meditaciones y trabajos de reflexión que progresivamente, como si fueramos en una nave hacia el futuro, nos permita desprendernos de los preconceptos, visión y registro de la realidad actual que hoy nos limitan porque los sentimos en carne como la realidad más tangible descreyendo que esto pueda algún día desparecer (cosificandonos en el camino ya que coartamos la real y grandiosa capacidad del ser humano de evolucionar, evolución que es realmente imparable). Desde hoy podemos viajar al futuro, y posicionados, vivenciando ese futuro lejando desde aquí, podemos entonces pensar y sentir a ese nuevo ser humano, a esa nueva sociedad, a ese nuevo mundo.

Ese nuevo mundo y esa nueva economía humana del hombre futuro tiene dos puertas con una cerradura cada una.

La primer puerta exige para su apertura la elevación y purificación del deseo..

La segunda puerta exige para su apertura hacer carne el concepto de que no puede haber un verdadero progreso humano si ese progreso no es de todos y para todos..

No es posible tan siquiera pensar en encarar la primer puerta sin antes haber conseguido la elevación de nuestra conciencia individual, que luego redunda en la elevación de la conciencia social tras haber cada uno abierto estas dos puertas.

Estas llaves no son llaves que pueda un tercero entregarnos para entrar. Son llaves vírgenes que con paciencia y dedicación, mientras limamos internamente nuestros temas sin resolver, nuestros nudos biográficos, nuestros egoismos y violencias, iremos generando para poder abrir cada puerta.

Tampoco existe una sola combinación. Cada una de estas puertas será siempre a medida, y cada llave será lo que cada uno sea, lo que nuestros padres y los padres de nuestros padres hayan dejado o continuado en nosotros. Por esto hace falta mirar hacia atrás, reconocer aquello que somos en base a lo que han sido, y lo que hemos hecho con eso que nos dejaron. No hay lima sin purificación y unificación del pasado. No hay lima para tallar la llave sin una reconciliación interna, sin -en muchos casos- un reconocimento del fracaso.

Sí hay y habrá maestros ‘cerrajeros’ que puedan orientarnos en la creación de la herramienta, así como orientarnos en la ejecución de esa apertura y orientarnos con los cambios internos que se produce el pasar por cada una de estas puertas ya que ellos sí pueden hablarnos desde la experiencia, desde ese “más allá” al que han ya podido llegar, pero no no es ético ni funcional imponernos esa experiencia, ni ese camino, ni esa combinación que les permitió llegar allí. Por eso pueden solamente orientar y darnos herramientas primigeneas que nos permitan moldear la herramienta que se convertirá en lima, que formará una llave y abrirá esa puerta para pasar a otra instancia de la evolución humana.

La economía del hombre futuro puede ya hoy empezar a ejecutarse, porque ya hoy estamos recorriendo ese camino, intentando formar la herramienta, porque ya hoy existen los maestros, y ya hoy existe la necesidad de avanzar.

Hoy es posible subir a la ‘nave’ que nos transporte y nos permita visitar el futuro humanizado porque ya hoy podemos descreer del Sistema, los valores y los grandes mitos actuales (como por ejemplo el dinero).

Hoy es posible todo esto. Hay que desearlo, y hacerlo, elevando y purificando el deseo en el camino.