Acción social, desarrollo profesional, y reflexiones – Mar del Plata – Argentina
13 feb
En todo el mundo los científicos, los artistas, los soldados, las mujeres, los hombres, la gente joven y los ancianos dicen: ¡la guerra es un desastre!
Al inicio del tercer milenio, en un planeta en el cual ya ningún lugar está aislado y en donde es posible saber en tiempo real lo que sucede en continentes muy lejanos, una pregunta merodea como un fantasma el corazón de los hombres: ¿qué futuro nos espera?
Los acontecimientos de los últimos años muestran una tendencia espantosa: la reanudación de la carrera al armamento nuclear, la búsqueda del control a toda costa de los recursos del planeta, el uso de la violencia para resolver los conflictos internacionales, regionales y locales. Los gobiernos cambian de color pero no de política, las guerras se suceden a un ritmo impresionante, aumentan las ganancias de la industria bélica y las declaraciones de los políticos son siempre más vacías y lejanas de la realidad.
La violencia envuelve como un manto al planeta y llega hasta cada ciudadano, instalándose en su vida cotidiana y en su corazón. Las declaraciones de Estados Unidos y de Francia sosteniendo la posibilidad de utilizar en primer término las armas nucleares contra el terrorismo, y la intención de Japón, olvidado de Hiroshima y Nagasaki, de entrar en el mundo del armamento atómico dejan a todos perplejos.
La gente en toda la Europa pide: ¡demos una oportunidad a la paz!
Europa crece; siempre nuevos países desean ser integrados en su seno, pero sus políticas están paralizadas en la ambigüedad, entre las nobles declaraciones sobre paz y desarrollo por un lado, y el apoyo a la ocupación de territorios y al rearme nuclear por el otro.
Esta Europa habla de libertad y autonomía, pero aloja bases militares de potencias extranjeras con cientos de bombas nucleares.
Esta Europa en las palabras condena la guerra, pero varios países europeos están entre los mayores productores y exportadores de armas, y enormes recursos se destinan a los costos militares, sustrayéndoselos a los gastos sociales y los de ayuda para el desarrollo.
Europa no puede apoyar ninguna política que arrastre al planeta hacia la catástrofe: aquí está en juego el futuro mismo de la humanidad, está en juego la vida de millones de personas, que no son un número estadístico o un gráfico sobre aumento de las ganancias. Las armas nucleares deben ser desmanteladas antes de ser usadas, después es demasiado tarde. Que los políticos estén a la altura de la situación o que se hagan a un lado.
Los pueblos europeos, asustados pero esperanzados dicen: ¡cambiemos de dirección!
Europa tiene la oportunidad histórica de ser un modelo positivo para otras regiones que se están formando, como la latinoamericana, la asiática y la africana.
Europa tiene la oportunidad de cambiar la dirección de los acontecimientos y de poner en marcha una política internacional de distensión y de paz, capaz de abrir los nuevos horizontes y los nuevos caminos que el ser humano necesita recorrer. Europa puede ubicarse como vanguardia de la nación humana universal.
Pedimos con urgencia que Europa elija una política de paz, decidida y no-violenta. Pedimos pocas cosas, claras y realizables:
En las calles y en los suburbios de las grandes ciudades, en los pequeños centros y en los campos europeos la gente comienza a tocar una nueva música: es una sinfonía suave pero potente, que arrasa con cada injusticia, cada abuso, cada violencia. ¡Nadie puede detenerla porque es la esperanza más profunda del ser humano!
Amigas y amigos de toda Europa, unámonos en la causa de las mujeres y los hombres valientes: ¡construir una Europa de paz!
Más información sobre la campaña
Me escriben si les interesa participar de acciones (estamos enviando cartas a consulados y hoy martes 12 haciendo movilizaciones a las embajadas Checas en todo el mundo).
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