Cadena humana Este es el principio moral por excelencia que se ha mantenido desde hace milenios y en las diferentes culturas. Algunos ejemplos. Platón decía: “Que me sea dado hacer a los otros lo que yo quisiera que me hicieran a mi”. Confucio: “No hagas a otro lo que no te gustaría que te hicieran”. En el cristianismo: “Todas las cosas que quisierais que los hombres hicieran con vosotros, así también haced vosotros con ellos”, etc. Tras este principio tan simple hay una escala de valores, una moral que pone como punto más alto a la coherencia y da sentido a la vida personal y social.

Hoy en día las relaciones entre las personas estan contaminadas por la desconfianza, el cálculo, el aislamiento y el individualismo. La antigua solidaridad fue reemplazada por la competencia salvaje a la que no escapa ni la propia familia ni los amigos más cercanos. Pero si se reconstruyen las relaciones en base al ideal de tratar al otro como quisiera ser tratado se abren las puertas a una nueva sociedad. Pero este cambio no puede ponerse en marcha por medios violentos, imposiciones, fanatismos o leyes externas, sino por medio de la opinión y la acción de todas las personas que viven con nosotros.

“Trata a los demás como quieres que te traten”

En ese principio de conducta, hay dos cosas importantes: el trato que uno requiere de los demás y el trato que uno esta dispuesto a dar a los demás.

a) El trato que uno requiere de los demás.

El deseo común es a recibir un trato sin violencia y a reclamar ayuda para mejorar la propia vida. Esto es válido aún entre los más grandes violentos y explotadores que piden la colaboración de otros para sus intereses injustos. El trato requerido es independiente del que se está dispuesto a dar a los demás.

b) El trato que uno está dispuesto a dar a los demás.

Se suele tratar a los otros utilitariamente como se hace con los objetos, con las plantas y con los animales. No hablamos del trato exagerado y cruel porque, después de todo, no se destruye a los objetos que se desea utilizar. En todo caso, se cuida de ellos, siempre que rindan alguna utilidad hoy o mañana.

Sin embargo, hay algunos “otros”: son los llamados “seres queridos”, en los que su sufrimiento y su alegría nos produce fuertes conmociones. En ellos se reconoce algo de uno y se los tiende a tratar del modo en que se quisiera ser tratado. Hay pues una diferencia entre los seres queridos y aquellos otros en los que uno no se identifica.

c) Las excepciones.

Con referencia a los “seres queridos”, se tiende a darles un trato de ayuda y cooperación. También sucede con aquellas personas extrañas con las que nos identificamos, porque la situación en que el otro se encuentra hace recordar la propia situación, o porque se especula y el otro podría “ser de ayuda” para uno. En todos estos casos se trata de situaciones particulares donde no son iguales todos los “seres queridos” y no nos referimos a todos los extraños.

d) Ejercicio:

¿Qué trato uno requiere de los demás?.

Observe qué requiere uno en la relación con su medio inmediato, con su familia, con su pareja, con sus amigos, en su trabajo, etc.

¿Qué trato uno está dispuesto a dar a los demás?.

Igual que en el punto anterior, observe qué trato uno está dispuesto a dar a los demás en su medio inmediato, con su familia, con su pareja, con sus amigos, en su trabajo, etc.

Compare los puntos anteriores y saque conclusiones con otros partícipes.

e) Las simples palabras no fundamentan nada.

Uno desea recibir ayuda, pero ¿por qué habría de darla a otros? Palabras como “solidaridad” o “justicia” no son suficientes; se dicen falsamente, se dicen sin sentirlas. Son palabras que se suelen utilizar para obtener la colaboración de otros, pero sin darla a otros. Esto puede llevarse más allá todavía, hacia otras palabras como “amor”, “bondad”, etc. ¿Por qué se habría de amar a alguien que no es un ser querido?

La Regla de Oro no puede convertirse en una nueva moralina hipócrita, útil para controlar el comportamiento de los otros. Cuando una “moral” sirve para controlar en lugar de ayudar, para oprimir en lugar de liberar, deber ser superada por la necesidad de crear nuevas formas de trato entre las personas.

La Regla de Oro no impone una conducta, ofrece un ideal y un modelo a seguir, al mismo tiempo nos permite conocer nuestra propia vida.

Esta actitud tan simple, de la que puede salir una moral completa, nace del ser humano sencillo y sincero.

f) Propóngase cambios de conducta en el trato con las otras personas. Mire en su medio inmediato y propóngase cambios en el trato con su familia, con su pareja, con sus amigos, con sus compañeros de trabajo, etc. Orientando la propia vida por este principio se pueden experimentar grandes y positivos cambios en la vida de uno y de quienes nos rodean propiciando así el avance la no-violencia y la solidaridad.