ManoHoy recibí una nota escrita en la revista Noticias en su edición del 30 aniversario. De esta nota, escrita por Albino Gómez, periodista, escritor y diplomático, rescato este párrafo con el que me identifico mucho, más aun cuando veo la forma en que a los filósofos de profesión les cuesta tanto salirse del “simón dice” haciendo gala de su memoria y de sus múltiples lecturas e interpretaciones, pero tantas veces incapaces de formular sabiduría para vivir mejor, simple, y entendible para cualquier persona que la necesita para resolver sus problemas cotidianos para entender su mundo interno, sus problemas, y su sufrimiento.

Los nuevos filósofos

Se ha dicho con razón que aunque la filosofía nació en medio de la discusión pública, se fue recluyendo en los claustros académicos, distanciándose del hombre común, cuyas preocupaciones le dieron origen. También se ha señalado que el vertiginoso desarrollo de la ciencia amenazó con convertir en obsoletas las interpretaciones filosóficas tradicionales. Pero finalmente, esa situación fue revirtiéndose debido al debilitamiento de las ideologías políticas y de las instituciones religiosas. Tampoco los progresos científicos han podido responder hasta hoy a las preguntas últimas sobre el sentido de la vida y del universo, cuando lo que se reclama es precisamente una sabiduría para vivir mejor. Frente a ello, son los nuevos filósofos quienes hablan de esas cuestiones tan importantes para la gente, a través de una filosofía práctica basada en una larga tradición de cuestionamiento, reflexión y debate, que concibe a esa disciplina como una forma de trabajo sobre uno mismo y no como acumulación de conocimientos. Y esto lo hemos visto también aquí, en nuestra propia ciudad, en varios cafés filosóficos, donde se busca reconciliar las palabras con la realidad, una forma de renacimiento de una facultad esencialmente humana: la de hacernos preguntas motivadas por el deseo de encontrar un sentido a la vida y al mundo.