Sobre el mundoHola, aquí les transcribo otra parte del libro Antropología de Síntesis, de Ramón Pascual Muñóz Soler. El capítulo es “Hacia una ciencia del hombre futuro”:

El acceso de la inteligencia al poder -o el poder de la inteligencia- contituye hoy uno de los factores de mayor peso en el desarrollo del mundo moderno, pero también uno de sus mayores peligros, sobre todo cuando la fuerza de la inteligencia se pone al servicio de intereses materiales. Sólo las avanzadas de la inteligencia joven y no comprometida con las élites del poder pueden poner en tela de juicio los resultados de la ciencia y reformular un mensaje crítico a la cultura de nuestro tiempo. Esta revolución cultural de la juventud forma parte del proceso de transformación de la ciencia. Pero para que la crítica tenga real significado al servicio del mensaje del futuro, hay que mantenerla pura como instrumento, y no confundir el medio con el fin. De lo contrario, la crítica se transforma en un poder autónomo que trabaja para sus propios fines y se vuelve una fuerza devoradora que destruye también los gérmenes y brotes aún tiernos que anuncian el futuro. La crítica sistemática lo abarca todo, a los amigos y a los enemigos, siempre hay algo que cuestionar y discutir, y esa “revolución permanente” que algunas escuelas filosóficas y políticas han hecho método para el esclarecimiento de la verdad se vuelve destructora en el campo de la vida.

Un ejemplo de lo que decimos suele darse en los movimientos juveniles de protesta universitaria, que corren el riesgo de ahogarse en su propia violencia y de ser instrumentados por las fuerzas regresivas del sistema. Si los elementos humanos de mayor avanzada dentro del proceso revolucionario de la juventud – y al decir de mayor avanzada no quiere decir de mayor violencia sino de mayor conciencia- no aciertan a convertirse ellos mismos, en gérmenes vivientes de futuro que puedan encauzar las aspiraciones potenciales de millones de jóvenes en todo el mundo hacia un nuevo estado de conciencia, habrán perdido la oportunidad que les brinda este momento histórico de ser punta de lanza espiritual para abrir el camino a la nueva civilización del tercer milenio. Los jóvenes intelectuales deben aprender a desenmascarar aquella crítica que obstruye la operatividad del mensaje. Mucha de la crítica que hoy se da, tanto en la ciencia como en la cultura en general, es negativa, e inspirada -la mayoría de las veces- por ideologías que tienen la pretensión de cambiar el mundo sin transformar al hombre. Bajo las apariencias más diversas, bajo el disfráz político, social o religioso, tras la máscara del orden y el pacifismo, se encubren hoy las estructuras del viejo mundo y se oculta el rostro de un hombre viejo que no quiere morir.

Dentro de la dinámica del mensaje del futuro las avanzadas de la crítica deben llegar hacia cierto límite y, a partir de allí, replegarse para dar paso a las fuerzas creadoras. Si los intérpretes de la crítica están al servicio del mensaje sabrán revertir su impulso en el momento adecuado y reconocerán entonces a las almas similares, es decir, a aquellos que les son afines en lo esencial, pero que expresan el mensaje en una forma diferente. Si no se produce este reconocimento por similitud y la crítica sigue avanzando en forma arrolladora, se produce una lucha estéril, se ataca a los hermanos, se divide el movimiento de convergencia hacia el futuro, se sigue la vieja polémica ideológica y escolástica, y todo ello con un único resultado: frenar el mensaje del futuro e impedir la reunión de los seres humanos en el cuerpo planetario. Ésta es la barrera que hay que superar en los límites de la crítica.