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Acción social, desarrollo profesional, y reflexiones – Mar del Plata – Argentina

tapas-de-gente sobre malvinas

Sistemáticamente cada 2 de Abril, cuando participo de los actos en la escuela me quedo expectante esperando el momento en que algún docente de alguna forma, con alguna fábula, con algún testimonio, con ALGO, enseñe a los chicos que las guerras son malas y que no deben repetirse nunca más a futuro. Sin embargo sistemáticamente se habla del heroísmo, de “las Malvinas son Argentinas” y JAMAS de educación para la paz y la no-violencia. Se imaginarán que después de haber trabajado por años en la ONG Mundo sin Guerras y haber puesto mucho esfuerzo para la Marcha Mundial por la Paz y la No-Violencia que organizamos en 2009-2010 es algo así como una enorme decepción que la currícula escolar no baje un mensaje de educación que hable del absurdo de la guerra y que bajo ningún punto de vista puede ser ni la primera ni la quinta opción para resolver un conflicto. Sin embargo acá estamos muchos de los que llenamos las plazas del país apoyando la recuperación armada de Malvinas (tenía 10 años). Claro, nos mintieron, primero los militares, acto seguido los medios de comunicación (Revista Gente – Perfil – Clarin, toda la misma bosta que sigue ahora ahí en pié). La foto de los pibes con las armas está armada para la tapa, y el “seguimos ganando” era una vil mentira (porque deberíamos saber que NADIE gana en una guerra)… trabajaban para el gobierno militar para inventar un cuento, uno similar al del Mundial 78 (“somos derechos y humanos” se acuerdan? y “somos campeones del mundo”). ¿Y por qué fuimos tan fácilmente engañados? ¿Y por qué ante el anuncio de guerra con Inglaterra no surgió un rechazo multitudinario y en vez de eso llenamos las plazas, mandamos al matadero a los pibes que volvieron en trenes y micros con las ventanillas tapadas como una vergüenza nacional? (estuve personalmente cuando llegó ese tren tristísimo a la estación de Mar del Plata). Años después conocí a Hector Silva, ex combatiente y humanista con quien hicimos varias actividades con Mundo sin Guerras, y ahí conocí su historia y la de otros ex combatientes que conocí y aún conozco, algunos que ya no están porque la carga fue muy pesada. Y a pesar de todo lo que ya sabemos, aún así no hablamos los días 2 de Abril de la mierda que son las guerras, sino del heroísmo. La razón por la que se llenó la plaza, hicimos donaciones (que se robaron sistemáticamente), mandamos a los pibes al matadero, a la traumatización obligada y nos endeudamos por mas de 10.000 millones de dólares en una guerra que estaba perdida de antemano, es porque no tuvimos y NO TENEMOS educación para la paz y la no-violencia. Y hoy 32 años después brilla por su ausencia. Y hoy 32 años después siguen los actos escolares, políticos y militares hablando de la guerra de forma casi mística, casi que si te toca hasta tendrías ganas de estar para…. ¿¡para ser un heroe!? Este tipo de educación es el mejor regalo que podríamos hacerle a los caídos, a los traumatizados, a los que se suicidaron y a los que aún llevan en su recuerdo y en su cuerpo el absurdo de la guerra que les tocó en mala suerte vivir, pero también al país porque aún la guerra nos pesa al día de hoy. Pero recordemos permanentemente, no fue un gobierno militar, fue un país entero que por falta de educación apoyó y se dejó engañar. Yo a pesar de mis 10 años en ese momento hoy día no me lo perdono, y no me lo perdoné, e hice todo lo que estuvo a mi alcance para hacer algo en contra de las guerras. Esta lucha no está terminada, terminará cuando la palabra guerra sea mala palabra y que casi nos cueste pronunciarla porque ya no la toleramos. Entiendo perfectamente la necesidad de reivindicar a quienes la sufrieron y encontrarle un sentido a su acción dentro de tanto sin-sentido y por eso también entiendo que ellos, los que la vivieron, aún entre condiciones hicieron lo imposible por no deshumanizarse, y luego de la guerra entendieron mucho mejor que todos nosotros el absurdo, el dolor, la violencia y la humillación. Y también entiendo que para quienes tuvieron que matar y eran meros conscriptos entendieron mejor que muchos de nosotros lo que es ser llevado al límite deshumanizante del “o mátas o te matan”, y de juntar en algunos casos los pedazos de sus compañeros. Es mi mayor esperanza y deseo que nunca jamás nos veamos envueltos en guerras externas ni internas y que entendamos que necesitamos educación y necesitamos descubrir que siempre que se genera un contexto de violencia como el que vivimos hay un grado de interés de algunos sectores y de engaño de la opinión pública donde habrá medios de comunicación al servicio de esos intereses. La guerra al igual que la inseguridad son siempre grandes negocios para varios sectores. No nos dejemos engañar una vez más. Reflexionemos y eduquemos. Abracemos y agradezcamos a los que volvieron y pudieron llegara hasta acá como un ejemplo de que incluso la peor deshumanización se puede superar y revertir. Y que incluso quien mata en el contexto que sea, engañado y forzado, puede ser capaz de revertir su peor pesadilla y ser una nueva persona porque en los ex-combatientes sobran ejemplos de vida.

Nunca más

NUNCA MAS es no dejarte pisotear por ningún organismo o gobierno y hacer valientemente la denuncia que corresponda aún cuando tome tiempo y esfuerzo, tal y como las Madres de Plaza de Mayo ponen su valentía, tiempo y esfuerzo en recuperar a hijos apropiados ilegalmente durante la dictadura.
NUNCA MAS es ser solidario con la comunidad en la que se vive sin pensar en que si a un vecino le pasó algo es porque “algo habrá hecho”, y seguir cuidando “la quintita”.
NUNCA MAS es ser agitador y cohesor para despertar a las personas que no se dan cuenta que aún están altamente condicionadas por lo que significó en sus vidas el proceso militar en su educación del “no te metas” y cohesionarlas para realizar acciones fuertes para mejorar nuestras sociedades y nuestro mundo.
NUNCA MAS es entender que no puede haber un mundo de ganadores y perdedores, donde los “perdedores” son sub-humanos que deben y pueden ser aniquilados por alguna fuerza mayor en beneficio de una supuesta paz social que no llegará nunca por ese camino.
NUNCA MAS es entender que no se puede estúpidamente rechazar a un gobierno militar y apoyar sus campañas militares agitando banderas y aplaudiéndolo cuando manda adolescentes al matadero y nos endeuda por diez mil millones de dólares. El militarismo dentro o fuera del país destruye por igual.
NUNCA MAS es entender que las derechas del planeta manejan infinidad de hilos para dividir y vencer, para enfrentar y facturar, para desinformar y condicionar, para impactar y atemorizar, actuando valientemente ante tales fuerzas que no nos pueden vencer si nos encuentran unidos.
NUNCA MAS es reflexionar sobre la propia coherencia respecto de la corrupción que no se encuentra sólo en los estamentos políticos sino en cientos de miles de actos cotidianos de toda la sociedad en la que miramos para el costado y sin aplicar principios básicos utilizamos todos los atajos a disposición para beneficio propio y en detrimento de muchísimos otros.
NUNCA MAS es entender que la democracia aún es un mecanismo débil que requiere del empoderamiento individual para participar, controlar, opinar, proponer y ayudar como miembros activos de una sociedad y una comunidad que es mucho más que la unión de las individualidades.
Por todo esto digo NUNCA MAS y los invito a decir NUNCA MAS en este aniversario del golpe militar del 24 de Marzo de 1976.
Juan E. Drault

La revolución es inevitable y será ecológica

vandana

“El capitalismo es en realidad un modo de pobreza. Porque lo que producimos por nosotros mismos como parte de la vida diaria, el cariño de un niño, el de un anciano, un hogar, un alimento [...] nosotros tenemos que trabajar en aburridos trabajos en otros lugares para comprar otra supuesta felicidad [...] yo vengo de una región del norte de la India y hay muchas cosas para las que no necesitamos dinero, sólo amor mutuo.”

“Los sistemas económicos influyen en los valores culturales y sociales. Una economía de la mercantilización crea una cultura de la mercantilización, donde todo tiene un precio y nada tiene valor.”
-Vandana Shiva.
Ecofeminista, considerada como una de las personas más influyentes de Asia por su labor a favor de la mujer, el medio ambiente y el mundo rural.
Los casos de violación y los de violencia contra la mujer han aumentado a lo largo de los años. El National Crime Records Bureau informó de 10.068 casos de violación en 1990, con las 24.206 violaciones en 2011, estos casos han tenido un increíble aumento del 873% hasta el 2012. Delhi se ha convertido en la capital de la violación de la India.

Cuando el éxito es un fracaso

Todos tenemos distintas visiones de una persona exitosa, pero si analizamos el concepto arraigado en la gran mayoría de las personas el éxito se encuentra muy relacionado con la imagen de alguien “ganador”. Y por contrapartida fracasar está totalmente relacionado a ser “perdedor”. Si toda una sociedad idolatra al ganador, quien no alcanza el éxito es un fracaso, es un perdedor, es una persona desvalorizada, insegura, desmoralizada. Y me quedo con la última palabra, “desmoralizada”. Leamos el significado según la Real Academia Española para “desmoralizar”: corromper las costumbres con malos ejemplos o doctrinas perniciosas. Desalentar (quitar el ánimo). También es oportuna la definición de la web wordreference.com: Hacer perder a alguien el valor, el animo o las esperanzas. En este mundo “con un podio para tres”, si aceptamos el concepto de éxito actual, la enorme mayoría quedamos como perdedores. Quedamos fracasados y desmoralizados. Sin valor, sin ánimo, desesperanzados. Y la falta de futuro, el sentirse devaluado, lleva inmediatamente a la primer parte de la definición de la RAE: la corrupción. Esa corrupción que no está necesariamente ligada al dinero, sino, antes que nada, ligada a la corrupción de los sueños, de las aspiraciones más profundas, esas que motorizaban los sueños que teníamos de chicos y que nos sirvieron quizás de norte durante la adolescencia. Y tras esa corrupción de las aspiraciones, esa alteración de la forma y estructura de la imagen de futuro, cancelamos el futuro soñado, y ejecutamos esa supuesta “vuelta a la realidad”. Esa vuelta relacionada con aceptar el “orden social” o “mandato cultural” que se impone, y que indica que los ganadores son pocos, que no nos va a tocar, que mejor es hacer lo que hace la mayoría. Entonces nos acomodamos en algún “rincón de la vida y la rutina” guardándonos los sueños en el bolsillo para vivir una vida promedio, sin tanto brillo, sin tantas ideas “locas” fuera de escala que no conducían a nada, que nos hacían perder el tiempo.
El concepto de persona exitosa actual es un fracaso. Y lo es en tanto y en cuanto genera enormes cantidades de sufrimiento y frustración en el mundo impidiendo que todas las personas se desarrollen y hagan su mejor aporte al mundo. El éxito se convirtió en una carrera por el prestigio, por el sentirse superiores, por el poder, por acumular, por ganar. Para ser exitoso hay que competir, y en la competencia habrá necesariamente perdedores, porque no puede haber un ganador si por contrapartida no hay quien pierda, por lo tanto en cuanto se entra en “el juego” se acepta y convalida la existencia de los perdedores que permitirán convertirse a la otra minoría en ganadores. Entonces el ganador subirá al lugar más alto, se le dará quizás el trofeo más grande, los aplausos, el premio económico más grande, y recibirá la mayor atención. Sea en el deporte, en el estudio, la cultura o en las empresas este esquema de ganadores y perdedores se repite. Y es por esencia un concepto violento que anida en la cultura de casi todas las sociedades del mundo actual. Siendo que es un concepto que no admite que todos sean ganadores, y que muy por el contrario, demuestra en la práctica como son unos pocos, muy pocos, en relación al universo de habitantes y oportunidades.
Todo esto genera muchas preguntas para reflexionar…
¿Por qué no nos preguntamos por qué no podemos ganar todos? ¿Qué cosa impide que todos ganemos? ¿Es necesario “ganar”? ¿Cuál es la necesidad de sobresalir y posicionarse por encima de…? ¿Qué inseguridad compensa? ¿Qué tanto tiene que ver con el egoísmo y la insolidaridad? ¿Por qué se necesita poner rankings y definir cuáles son mejores qué…? ¿Acaso mirando a la naturaleza uno puede decir que tal árbol es mejor que tal otro y que es un ganador? ¿Por qué necesitamos tanto mirar y marcar las diferencias y no lo que cada cual puede sumar y aportar al mundo tal y como es sin ganarle a nadie? ¿Por qué no podemos aplaudir a todos por igual sin despreciar a nadie, sin desvalorizar, sin presionar, sin hacer sufrir, sin violentar? ¿Por qué no podemos disfrutar de hacer algo con otros sin que eso implique derrotarlos? ¿Realmente no competir inhibe la pasión? ¿No puede haber un objetivo más noble y elevado que derrotar y superar a otros? ¿Cuánto tiene que ver con elevar y purificar el deseo individal y social?
Hasta que no pensemos al mundo como un mundo de iguales, de pares, donde todos seamos igual de valiosos, de importantes, de necesarios, y actuemos en consecuencia, no dejaremos atrás la violencia y la insolidaridad. Precisamos evolucionar la educación, la cultura y la economía. Lógicamente no podemos aspirar a un mundo solidario y no-violento si precisamos que haya perdedores para sentirnos mejores. Si sostenemos una cultura económica de competencia, mercados y especulación sumado a un perverso universo de manipulación de la subjetividad para la imposición de valores insolidarios, seguiremos avalando este fracasado concepto de éxito y seguiremos avalando la violencia en todas sus formas. Por lo tanto si sostenemos esta ilusión de éxito seguiremos fracasando en la realidad actual y en el futuro.
Allí donde estemos debemos pensar en términos superadores evitando generar ganadores y perdedores, valorando lo que cada cual tiene para mostrar, aportar y desarrollar como pares. La competencia en cualquiera de sus formas conlleva la violencia intrínseca de dejar a alguien por debajo de los demás. No podemos desear un mundo solidario y al mismo tiempo promover el exito insolidario. No podemos crecer como sociedades si avalamos la creencia de que hay personas mejores y personas peores, porque esa diferenciación es producto de una cultura, una economía, una visión y una sensibilidad que estamos obligados a mejorar, porque de lo contrario el abismo de la violencia y la auto-destrucción se ampliará a cada momento.
Como tan sabiamente nos pidió Gandhi: seamos el cambio que queremos ver en el mundo.
Cultivemos una cultura de iguales y con el tiempo cosecharemos una sociedad humanizada y solidaria.

La economía capitalista se basa en la “acumulación de riqueza”, y esta acumulación está avalada por el concepto de propiedad sobre recursos. Propiedad privada avalada por los Estados y entidades supra-nacionales, aceptada y continuada por los ciudadanos de estos Estados capitalistas. La acumulación de recursos de unos priva a otros de esos mismos recursos aún cuando pudieran necesitarlos para su subsistencia y desarrollo. La acumulación y destino de recursos es un acto de decisión individual, corporativa o estatal pero casi nunca un acto de decisión democrática abierta a la sociedad toda. El manejo de los recursos por tanto se basa en actos que tienen más de dictatoriales que de democráticos, y la propiedad privada que justamente priva a otros de ese recurso sin importar el grado de necesidad es indefectiblemente un concepto violento que se ha aplicado desde la época de los primeros neandertales a la fecha sin que hayamos hecho otra cosa más que complejizar y tecnificar los métodos, principalmente en favor de un 1% que consigue el equivalente neandertal al poder del garrote más grande aunque modernizado en instrumentos económicos especulativos. Se suma a esto malas prácticas como corrupción, lobbys, monopolios, guerras e imposición políticas de Estado, y hasta la generación de pre-condiciones para que ciertos eventos caóticos los favorezcan en nuevos y grandes negocios.
No hay casi definición de fronteras en el planeta que no se haya definido por algún método violento. Mientras tanto el análisis pormenorizado del accionar de todas y cada una de las más grandes y poderosas corporaciones y Estados del planeta presenta métodos violentos de acción tendientes a la apropiación de algún recurso o de especulación tendiente a desequilibrar los escenarios para su provecho generando enormes injusticias y violencias. Estas mismas corporaciones y Estados suelen todos tener alguna vinculación con el negocio de las armas y la guerra, y la apropiación de recursos económicos estatales para la guerra, defensa, investigación o reconstrucción.
La cada vez más amplia diferencia de acceso a los recursos habla de una enorme transferencia de poder. Y por supuesto dos de los principales poderes que se nos han quitado a la gran mayoría de personas que habitamos este planeta es el poder de decisión y el poder de acceso a recursos.
Las reglas de juego capitalista, así como su visión más purista, no contempla la distribución de esos recursos acumulados violentamente. Si lo hiciera ya veríamos efectos demostración que no han llegado ni llegarán. Todo se basa en la manipulación, tanto de las reglas de juego como de las políticas de Estado, los Estados mismos y sus políticos, y finalmente de las sociedades en su conjunto.
Y si bien nuevas tendencias políticas vislumbran un interés por la defensa del bien común no aparece aún una abierta discusión de nuevos métodos de decisión y distribución de recursos, y mucho menos de nuevos métodos superadores de la violenta propiedad privada que arrastramos lamentablemente desde nuestros más primitivos días como seres humanos.
Es por esto que no podemos decir que hemos logrado aún abrir un capítulo de la historia verdaderamente humana de la economía donde se pueda hablar de un progreso que sea de todos y para todos, sin ganadores y perdedores, sin mercados especulativos, sin violencia.
No podemos ya más dejar de denunciar a la economía como la más grande y poderosa generadora de violencia a nivel mundial. Y debemos empezar a vernos como ciudadanos atrapados en estas monstruosas violencias, víctimas y victimarios de un sistema que se ha vuelto inhumano y limitador de las mejores aspiraciones de crecimiento y evolución. Esta enorme violencia alcanza a tantos niveles y ámbitos que se ha transformado también en violencia psicológica, sexual, religiosa, moral y por supuesto en violencia física que se expresa a cada minuto en el mundo como un indicador de la desesperante situación de la vida en el planeta. La violencia en la enfermedad que ha contaminado el planeta y está conformando la más grande pandemia jamás vista con posibilidad real de poner en riesgo al conjunto de seres vivos que lo habitamos. Es un hecho que no requiere para su comprobación más que abrir un periódico, ver los noticieros o navegar por Internet. Si miramos a cada hecho de violencia económica, psicológica, sexual, religiosa, moral o física como producto de una enfermedad endémica del ser humano y las sociedades que no estamos sabiendo reconocer y actuar en su tratamiento y solución, podremos entender esta visión de la situación actual.
Necesitamos desesperadamente abordar la más grande y amplia discusión del futuro reviendo todo aquello que en el pasado ha generado estas enormes violencias y divisiones que sufrimos en la actualidad, descubriendo la forma de respetar y promover la diversidad y el acceso a los recursos.
La evolución requerirá que los que menos tienen tengan más y los que mucho tienen tengan menos. Requerirá una nueva cultura y una nueva economía del deseo que permita sincronizarnos con el bien común sin caer en dirigismos ni en sistemas unificantes y monolíticos. La distribución del poder de decisión sobre los recursos y el futuro requiere tomar responsabilidades al participar, entender y decidir, por lo cual cada ser humano necesita de la correspondiente posibilidad de desarrollo intelectual y emocional a través de nuevos métodos, formas, espacios y tiempos. Otro recurso que no nos será dado ni distribuido abierta ni alegremente porque atenta contra los poderes establecidos y sus necesidades de manipulación.
La evolución requerirá revisar la forma en que se ha tomado posesión violenta de todos los recursos existentes así como el destino que como conjunto queremos darles en función de los nuevos horizontes que queramos alcanzar. La evolución requerirá nuevos conceptos de propiedad socializada basados en el uso y la necesidad, superando así la apropiación privada, insolidaria, especulativa y violenta.
Por supuesto que la superación de lo viejo por lo nuevo produce una lucha de poderes, entre quienes buscan defender el viejo y actual orden y quienes deseamos generar un cambio positivo. Pero hay un hecho imposible de no ver, y es que ese uno o diez porciento que detenta el poder y los recursos son una minoría que depende de la colaboración y sometimiento del otro amplio porcentaje de personas que habitamos el planeta y que estamos cada vez menos dispuestos a hacerlo. Claro que son expertos en el juego del “divide y vencerás” y ni que hablar del juego de manipulación de la información para generar bandos y choques que frustren todo intento de avance que comprometa sus intenciones y recursos. El proceso puede tomar muchos años aunque el efecto acelerador de las comunicaciones permitiría acortarlo. Pero quienes han llegado a formar parte de ese diez porciento utilizando métodos violentos no dudarán en redoblar su esfuerzos a través de esos mismos métodos. La evolución avanzará y el tiempo sumado a fuertes intenciones los irá reemplazando, pero no podemos hacerlo sin justamente esfuerzo y fuertes intenciones que elevarán el sentido de los sacrificios asociados.
Promovamos la visión de las distintas formas de violencia como pandemia que requiere acción inmediata, incluyendo la violencia económica.
Promovamos la necesidad de rever el origen y validez de la apropiación violenta sobre los recursos que hoy detentan todos los actores sociales con mayor poder de decisión.
Promovamos la necesidad de desarrollar una nueva cultura solidaria y una educación acorde a los nuevos tiempos de promoción de la diversidad, el respeto y la no-violencia.
Promovamos la necesidad de un progreso de todos y para todos, sin seres humanos por debajo de otros.
Promovamos la necesidad de un nuevo concepto de propiedad de uso y necesidad capaz de dar mejor respuesta a la dinámica social y sus mejores aspiraciones no-violentas.
Promovamos la abierta discusión del futuro y la revisión sintetizadora del pasado que permita un salto evolutivo generando un nuevo marco de referencia y aspiraciones.

Evolucionemos!

Los instrumentos de medición ya no funcionan

La economía actual no resiste mucho análisis. No se puede consumir y producir ilimitadamente cuando la fuente de recursos es limitada. No se pueden producir desechos al ritmo que exige el ciclo de consumo si no hay nada que sea capaz de neutralizarlos y volverlos recursos reutilizables haciendo que el círculo sea virtuso y no mostruoso. No hay sistema ecológico capaz de actuar por sí solo para compensar el desequilibrio que lo dicho anteriormente genera. Y al mismo tiempo no hay seres humanos capaces de reinventarse ilimitadamente a este ritmo de exigencia.

Realmente no hace falta ser ningún genio, ni tener doctorados universitarios para darse cuenta de esto, y para quien no quiere darse cuenta están las lluvias torrenciales, las nevadas fuera de escala, la polución y otros tantos males que golpean a la puerta de nuestras casas y se invitan a entrar sin que les tengamos que dar permiso alguno. En un rato el auto puede irse flotando y la casa puede quedar bajo un metro de agua mientras algún viento huracanado suma peligros a la situación.

La economía del consumo desproporcionado y la cultura individualista-especulativa no admiten salida. No la hay por ese camino. Como no la hay -y como no despertamos a tiempo- el clima viene a darnos el cachetazo que parece que necesitamos. Lamentablemente somos una especie de las que -de momento- sólo actuamos cuando el agua nos llega al cuello y ya unos cuantos han tenido que perecer. Mientras tanto también viene a darnos el cachetazo la crisis económica que no es otra que la consecuencia de una crisis de civilización. Digo… si quieren seguir mirando lo secundario y quieren quedarse mirando la crisis económica o del clima como si fueran entes aislados, pues pueden hacerlo. Pero nada sucede porque sí. No es casualidad que tengamos tantas crisis concentradas en un mismo momento histórico. Vivimos una necesaria crisis de civilización. Y digo necesaria porque las crisis no son malas de por sí. Lo malo es no verlas, y no aprovecharlas. Porque tras toda situación de crisis, sea interna -personal-, como externa -en el mundo-, se presenta una enorme oportunidad para revisarlo todo, descartar lo que no ha servido, reinventarse y reinventar el mundo continuando con todo aquello que ha sido bueno para uno y para los demás. Pero si mayormente estamos dormidos, no vemos la oportunidad, entonces dejamos el espacio para que en este momento histórico sean otros los que se monten sobre la situación para tomar las riendas y tomar decisiones como lo estan haciendo y dejarnos en una situación varias veces peor que la anterior.

En un momento de crisis no hay parámetro externo que sirva. No hay indicador preconcebido ni sistema de medición que no tenga errores, porque cualquier sistema de medición que fué creado en un momento de no-crisis dejará de funcionar y servir en el momento de la crisis. Es como pretender que el velocímetro funcione cuando el auto comienza a patinar sobre el hielo. Podemos ir a 100 kilómetros por hora patinando y nosotros mirando el velocímetro creer que vamos a 50. En estos contextos no hay elemento más preciso que los que traemos de fábrica. Sí, esos que se llaman registros internos. Esos que se encienden con “luces rojas” ante la violencia, la injusticia y la santa indignación, así como se encienden con “luces verdes” ante la solidaridad, la comunicación sentida, el amor o el entusiasmo al conectar con aquello bienintencionado.

Pero he aquí que por años nos han formado y formateado para convertirnos en empleados de las compañías y la industria. Nos han adiestrado para apagar o insonorizar casi todos los instrumentos de medición internos porque de tenerlos encendidos tendríamos tantas alarmas rojas encendidas que nos sería insoportable la vida cotidiana, porque muy pocas cosas de las que nos toca vivir coinciden con nuestros registros de “cosas buenas”. Así que paso a paso, poco a poco, nos han resignado a ir apagado uno a uno los sensores y pegar finalmente un cartel encima del panel interno que dice “Así es el mundo”.

Entonces, ¿hay que encender los sensores internos? ¡definitivamente! ¿van a molestar? ¡absolutamente! ¿van a dejar de sonar de noche y nos van a dejar dormir? ¡probablemente no al principio!. Pero entonces ¿qué cosa estoy loca estoy pidiendo!? Es decisión de cada uno si prefiere vivir y morir mirando el velocímetro del auto que patina, o prefiere la valentía de mirar hacia afuera y ver con los propios ojos y los propios registros que las cosas están pasando mucho más rápido de lo que ese reloj marca tomando conciencia del riesgo. Y ni hablar que ese reloj está manipulado por quienes desean mantenerte con esos parámetros de referencia para que no entres en pánico. Pero la colisión es inminente. De nuevo, ¿prefieres morir en la ignorancia o prefieres tener la oportunidad de hacer algo por salvar a los que van arriba del auto evitando una cadena interminable de choques y muertes? Así está el mundo, y así está la situación. O te decides por la ignorancia mirando relojitos controlados, o te decides a bajar la ventanilla, sentir la adrenalina de hacer algo arriesgado y coherente con las alarmas de los sentidos. Porque tomar el control de un vehículo que patina no es tarea sencilla pero no imposible, pero si te quedas escuchando la linda música y el video divertido mientras el auto sigue patinando el tiempo se agota, la oportunidad de hacer algo es cada vez menor, y cuanto más cerca del impacto estés menos chances de hacer algo útil tendrás.

El mundo precisa más y más gente comprometida con producir cambios, nuevas ideas, nuevos ámbitos y realidades que vayan apagando las alarmas de esta crisis. Requiere valentía, esfuerzo y compromiso, sí. ¿Vale la pena? definitivamente. Toda acción coherente entre el pensar y el sentir que encienda la luz verde de la acción válida, la acción moralmente correcta, la acción constructora, la acción comprometida con el futuro y las siguientes generaciones, vale el esfuerzo y produce un registro de unidad interna y de energía extra que no desaparece sino que se continúa en aquellos para quienes has sido referencia.
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La re-evolución comienza con ese tablero interno. Comienza con la decisión de salir de la apatía para con uno y con el futuro encendiendo los censores y haciéndose cargo de atenderlos actuando en consecuencia. Esta re-evolución lo revoluciona todo. Esta evolución cambiará el mundo para mejor. Ojalá y no demores mucho en tomar la decisión. Cuando la tomes sabrás lo que tienes que hacer (sin violencia) allí donde estés. Recuerda, el mundo patina sobre el hielo de la indiferencia y no querrás ver a donde nos llevan los que ahora tienen el volante. Re-acciona!

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Adhesión a una instancia universalista

Han convertido al futuro en un tema tabú. El futuro es algo no-cierto, y con esto, los que administran el futuro han pasado a ser tecnócratas y políticos. En la calle no se discuten proyectos de país, proyectos de sociedad, idealizaciones de cómo querríamos que fuera el nuevo mundo, y además estamos demasiado ocupados. No hay grandes utopías para elegir. Se comenzó entonces a adoptar cada vez más la filosofía del Carpe Diem o “vive el presente” porque a falta de futuro nos quedamos con el presente únicamente. No hay mucho gusto por revisar ni aprender del pasado ni tampoco se quiere entrar en una abierta discusión del futuro, porque además de que no hay certezas ni grandes esperanzas, muy pero muy rápido surgen diferencias tan abismales que sin el correspondiente nivel atencional la charla deviene rápidamente en discusión o en una rápida confrontación.

La apatía por el futuro genera que no haya imágenes con brillo ni carga suficientes como para movilizar a grandes conjuntos en una dirección común, no unificante, sino común. Pero además la falta de acuerdos dentro de la diversidad, la falta de puntos comunes que permitan la mancomunión para unirse en la diversidad, aceptandola, tolerándola, y aprendiendo de todos y cada uno, impide nuevamente que podamos abrir de par en par las puertas de un nuevo y mejor futuro para la humanidad toda sin discriminaciones violentas.

En un mundo desestructurado, individualista y mayormente insolidario, nos han dividido y nos han vencido, o mejor dicho, nos hemos dejado vencer, porque tampoco podemos descargar todas las culpas. ¿Hemos sido víctimas? Si. ¿Hemos dado todo por superar las limitaciones y condiciones actuales? No. ¿Nos hemos esforzado al máximo?, ¿Nos hemos revolucionado internamente al punto de generar grandes y brillantes proyectos por miles donde muchos pueden optar entre sumarse o crear los suyos? Para nada.

Para que el mundo no sea un lugar gris donde habitar hace falta darle color, ese color que solo la emoción y la intención de construir algo realmente “loco” y superador pueden brindar. Algo fuera de escala, fuera de los límites de la imaginación cotidiana. Mucha gente hoy día está apagada porque no encuentra entusiasmo ni brillo, y cuando lo encuentra rápidamente se suma. Insisto en que no hay ideas con brillo en cantidades suficientes, no hay discusión del futuro, y vuelvo a decirlo, el futuro se ha vuelto un tema tabú del que hay una negación por los problemas que surgen al abordarlo.

La diversidad es grandiosa, la naturaleza y el universo es el mejor exponente de la más increíble muestra de diversidad. Y nosotros como especie donde no hay dos seres humanos iguales en su ADN ni tampoco idénticos en su forma de ver, interpretar y vivir el mundo, tampoco nos hemos quedado atrás. Sin embargo si queremos avanzar como sociedades y habitantes de esta nave Tierra habrá que primero despertar las ganas de crear algo nuevo y fuera de escala y comenzar a darle forma charlando e intercambiando. En esa charla habrá gentes de todas las razas, religiones, creencias, orígenes y pensamientos. Hay por tanto que desactivar toda una serie de pre-conceptos que son parte de la información y la educación contaminada que hemos consumido o de lo contrario no podremos sentarnos a hablar siquiera porque estaremos en rechazo antes de poder decir una sola palabra. Empezada la charla convertiremos lo desconocido en conocido, pudiendo compartir cada cual su cultura y su visión en un entorno de respeto y de apertura, con el pre-concepto de que podemos aprender muchísimo de la vida y cultura de todos y cada uno de los que se presenten a esta nueva experiencia de intercambiar e pensar el futuro. Si nos imaginamos allí sentados con gente muy diversa compartiendo un momento muy interesante, muy gratificante, muy pacífico, aprendiendo y escuchando atentamente lo que cada uno aporta, seguramente nos genere unas ganas muy grandes de estar en un ámbito así. Si no sucede es probable que haya aún mucho por desactivar. Conocernos, quitarnos los pre-conceptos, acercarnos no solo física sino emocionalmente es el principio del fin de esta sociedad deshumanizada. Pero antes de comenzar a charlar sobre el futuro precisaremos unirnos en un punto virtual desde el cual nos sintonizamos con algo elevado, con deseos muy simplificados y puros, deseos sobre los cuales nadie tenga duda alguna que son comunes a todos los que deseamos ese futuro mejor. Deseos que nos eleven y nos pongan en una altura que nos permita mirar el mundo desde un punto de vista más alto superando las murallas, las fronteras y los sentimientos encontrados. Precisaríamos por tanto, a mi entender, adherir a una instancia universalista.

¿Por qué adherir? Adherir -no pertenecer- significa un acto libre de un ser humano que consciente del acto y sus alcances decide sumarse en forma plena a una causa común. Al hacerlo supera viejas forma de pertenencia y se convierte en un ser-que-decide libre y abierto al mundo.

¿Por qué universalista? Por qué además de ser un hermoso y sentido término, y a diferencia de los universalismos contrarios al pensamiento diverso y creativo, esta nueva instancia universalista es la instancia del re-encuentro, del re-nacimiento de las mejores aspiraciones y valores humanistas, donde sentir lo humano en el otro y su enorme valor y capacidad de aporte para construir el futuro.

Superar las limitaciones y divisiones de un mundo que nos impone demasiadas cosas, permite un “renacer” en una instancia universalista gestando valores, visiones y experiencias superadoras. Implica la comunión con la diversidad, con el todo. Implica la elevación de la visión y deseos individuales para sincronizarlos con el conjunto universal.

¿Por qué no empezar ahí donde estas?

Si quieres enviar tu aporte u opinión sobre este tema te invito a usar el siguiente formulario de contacto http://goo.gl/ll8Pg . Tu aporte es muy importante.

La anestesia de la impercepción

Siempre me pregunto si mientras veo la TV o uso la computadora hubiera al lado mío un niño desnutrido cayéndose de su silla, o si en mi living hubiera una madre desesperada que no encuentra ayuda para su hijo enfermo, o un jóven hecho un ovillo en un rincón deprimido y pasado de drogas, ¿Podría ignorar tales realidades? ¿podría alegremente reirme del chiste en la TV o matar el tiempo viendo las últimas imágenes simpáticas del muro de Facebook mientras ellos estuvieran ahí en mi living? ¿podría hacer zapping en la TV mientras alguien muriera desangrado a unos metros míos por la bala de alguna de las tantas guerras y conflictos? Sin dudas que ninguno de nosotros podría hacer tal cosa porque ese acercamiento de las más crudas realidades del mundo actual romperían con lo que yo llamo la anestesia de la impercepción. Algo así como una necesaria droga de tipo ansiolítica que nos permite vivir “una vida normal”, mirar las noticias de la guerra e irnos a jugar a algo, o ver las noticias de los refugiados desnutridos en Africa y acto seguido buscar algo en la heladera para seguir haciendo zapping.

¿Cómo es que una mitad del mundo, la de los más favorecidos, podemos vivir una “vida normal” mientras la otra mitad o más pasa por situaciones apremiantes, donde pierden la vida, la salud, la dignidad, u otras tantas cosas? La respuesta de nuevo parece ser: la “Anestesia de la Impercepción”. No registrarlos, no tenerlos co-presentes, no empatizar… todo esto los hace imperceptibles y nos permite gozar de esa anestesia necesaria para tolerar estos niveles de injusticia y violencia.

¿Podríamos vivir si tuviéramos algún sentido que nos mantuviera las 24 horas conectados a esas realidades e injusticias? Probablemente sería muy difícil. Entraríamos en algún tipo de neurosis, mientras el estrés y la falta de sueño nos destrozarían. Los extremos son malos, siempre lo son. ¿Pero acaso no hemos sido capaces de enfrentar y resolver situaciones difíciles y estresantes en nuestra vida? ¿Qué tanto más livianas se hacen esas situaciones cuando se las puede enfrentar en grupo contando con el apoyo de familiares y amigos? ¿Qué tan importante es no saberse sólo y desamparado frente a las situaciones que nos tocan vivir? Mantengamos estas preguntas en mente porque son muy importantes.

Esta anestesia incluso nos permite, dentro de esta cultura planetaria mayormente insolidaria, ser felices en el mismo instante en que miles y millones son enormemente infelices. ¿Esta mal? ¿tenemos que todos ser solidariamente infelices? no lo creo! pero ¿podemos pretender que nada pasa y ser felices?

Volvamos al living con ese niño desnutrido que ya casi no se puede mantener en su silla y nos mira con esos ojos sobresalientes preguntándose cómo es posible que yo pueda estar tan tranquilo mientras él está ahí muriendo de hambre. Si un tercero mirara la situación, y si yo lo ignorara mientras sigo haciendo “mi vida” ¿no podría decir con justa razòn que lo que hago es muy violento y moralmente incorrecto? sin dudas que sí!, y aquí es donde se conectan los puntos de dos palabras clave que nos van a permitir entender mucha de la violencia actual en el mundo: violencia y moral. Es social y moralmente aceptado que cuando se está cerca de alguien en situación límite o en problemas, incluso de un animal, quienes ven esa situación lo asistan y ayuden. De no hacerlo estas palabras que conectamos van a describir el resultado de la inacción: violencia moral. Pero también remarqué algo importante: “quienes ven esa situación”. ¿Y qué si el mundo mira para otro lado y no lo ve porque prefiere no verlo tal como pasa con ese pobre niño que va por la calle pidiendo monedas? ¿por qué se lo invisibiliza? Seguramente es porque estamos con la dosis diaria de anestesia de la impercepción.

Esta suerte de droga de las “sociedades modernas” es la que provoca por contraposición la más grande dosis de violencia moral en el mundo actual. Y esa violencia no es gratuita. Siempre nos dicen que lo que no se enfrenta hoy vuelve mañana doblemente potenciado. Sea un tema de nuestra biografía que no hemos resuelto, o sea una mala relación, o una decisión que no llega nunca. El no enfrentarnos a todas esas realidades y decidirnos por tomar el futuro en las propias manos para beneficio del conjunto de los que habitamos este planeta, nuestros hijos y los que están por venir, es una de las más grandes violencias morales que nos estamos infringiendo como individuos y como sociedades.

Deberíamos entonces comenzar por desintoxicarnos de esta “droga” que se nos ha hecho tan adictiva y necesaria en nuestra vida diaria. Avanzar con resolución agitando corazones y cohesionando en la acción, porque para despertar a alguien del letargo que produce esta anestesia primero precisamos generar una agitación emocional que lo entusiasme. Si somos efectivos en la tarea habremos generado una reacción tal que generará ganas de sumarse a la tarea!. Pero creo que para ordenar y priorizar la acción del presente precisamos despertarnos y discutir abiertamente el futuro que queremos y así los recursos que hoy precisamos para resolver los grandes males y los grandes problemas de este mundo irán surgiendo en la medida que logremos unirnos en la diversidad por un objetivo común.

El poder del humo que nos anestesia como a abejas les permite quitarnos la más dulce miel de la coherencia. Millones y millones de recursos en entretenimiento nos mantienen alienados y anestesiados. Pero es decisión propia decir basta y mirar lo más valioso y útil que podemos mirar, el futuro.

Lo que el 2012 me dejó

El 2012 nos dejó un mundo más comunicado pero mas intolerante.

Un mundo con mas cámaras de seguridad pero más ciego.

Un mundo con más policías pero con más violencia.

Un mundo con más posibilidades pero con el futuro un tanto más cerrado.

¿Por qué será que ante esta degradación y deshumanización cuesta tanto decidirse por tomar el futuro en las propias manos y esforzarnos para construir algo superador?

El 2012 me dejó algunas respuestas y algunas preguntas que quiero compartir e intentar develar.

La primer respuesta que me dejó este año tiene que ver con la palabra “esfuerzo”. El mundo precisa más tolerancia, más introspección, más comunicación profunda, más empatía, más reconciliación, más imagenes de futuro con brillo, más respeto, más diversidad, más mancomunión, más creatividad, más espiritualidad y deseos más elevados, deseos más purificados.

Pero, ¿adivinen que hace falta además de desearlo para conseguirlo? Si, hace falta esfuerzo. Y me doy cuenta que mucha gente no encuentra algo que justifique e incentive generar ese esfuerzo extra que precisamos tanto. ¿Queremos un mundo mejor? Todos. ¿Estamos dispuestos a dar ese esfuerzo para el beneficio del conjunto? Muy pocos. La ecuación da un resultado negativo.

¿Qué nos pasa? No me dejó este año una respuesta concluyente. Pensé muchas pero ninguna me resulta definitiva. Aunque sí tengo esa sensación de estar aletargados esperando que otros vengan con la solución a todos nuestros problemas. De nuevo, un indicador más de la falta de esfuerzo, no?

Otra palabra clave que me dejó este año es “intolerancia”. El mundo se divide cada vez más en dos grandes culturas y visiones y todos los paises las tienen. Opuestas e intransigentes una no tolera a la otra. El abismo se amplía y el odio nos empuja hacia un “ojo por ojo” que nos va dejando tuertos y próximos a quedar ciegos. ¿Hemos elegido el bando? En su mayoría no. Estudiar y analizar en profundidad para elegir con mayor calidad requiere otra vez un esfuerzo y un tiempo que no se está dispuesto a buscar. ¿Es bueno que haya menos grises y las posturas estén más definidas? Si y no. Puede parecer bueno saber de que lado está cada uno pero esta profundización de los lados indica además que el abismo inter-cultural se amplía. Se nota en las ultra-derechas que ganan adeptos, en las reacciones de los sectores de poder económico y político, en la calle donde el odio y el deseo de matar a esa otra cultura que surgió de la marginación se hace más palpable, mientras sectores de la otra desea lo peor para los insensibles e insolidarios que los abandonaron.

¿Cómo resolver esta intransigencia y violencia cuando precisamos construir todos juntos de cara al futuro común?

El 2012 tampoco me dejó una respuesta concluyente solo me demostró que de las situaciones límite surgen manifestaciones horrorosas y hermosas, muchas de una calidad y sensibilidad que dan pistas de que la mejor evolución está haciendo de las suyas aquí y allá. Lo cual me da más fuerzas para continuar. Y me recuerda que la evolución tiene todo el tiempo del mundo. Si hacen falta miles o millones de años no tiene problema. ¿Que tanto puedo pretender alcanzar a ver desde mi corta vida?

Otra palabra que me dejó este año en mi mente fue la palabra “pandemia”. Sí, esa misma de la Gripe A con la que tanto nos bombardearon hace dos años y que desató gastos gigantescos de presupuestos. Mirando el mundo y reconociendo a las distintas formas de violencia como la física, psicológica, religiosa, sexual, moral y finalmente una de las peores de este año, la violencia económica, ¿cómo es que no reconocemos el riesgo y la difusión de la violencia como enfermedad individual y psicosocial como para declararla pandemia mundial? Si estamos en franco riesgo de morir de enfermedades que tienen un gran componente de violencia física, medioambiental y psicológico, y se hace difícil costear su curación por la poco reconocida violencia económica ¿cómo es que no podemos reconocerlo y resolverlo con todos los recursos a nuestro alcance? ¿Cómo es que no tiene máxima prioridad en la agenda política? Sin dudas las implicancias políticas y jurídicas de reconocer la violencia, y en especial la económica, como enfermedad son tan grandes que entrarían en crisis muchas instituciones pero ¿acaso es mejor mirar para el costado y seguir haciendo como que no existe?

Esto va de la mano de otra necesidad que me quedó clara en este año, y es la urgente necesidad de “discutir el futuro”. Hay tantas versiones y tantas percepciones tan disimiles que parece imposible lograr un consenso de lo que se quiere conseguir sobre todo en un contexto de intolerancia. ¿cómo podríamos construir un futuro mejor para todos (no algunos) si no promovemos la abierta discusión que ponga en evidencia estas enormes diferencias y usar esto como punto de partida para elevar y purificar los deseos comunes, para encontrarnos mancomunados en una instacia universalista? Por esto es que el 2013 será el año en que intentaré hacer las primeras experiencias piloto de lo que será (aspiro) más adelante la mayor encuesta mundial sobre la percepción del futuro y la violencia.

Me queda claro que tenemos una enorme necesidad de re-unión para un futuro reconocernos y sentirnos como un gran cuerpo viviente y armónico donde profesemos un progreso de todos y para todos. Y en ese proceso de sentirnos parte de un todo la evolución de las comunicaciones, la electrónica, la neurociencia y la informática juegan un rol fundamental, aún cuando aún estemos en una suerte de “jardín de infantes”, utilizando tan poderosa tecnología para publicar chistes en nuestro muro de Facebook. Pero ésta cada vez más constante presencia de los demás en nuestra vida diaria a través de las redes sociales, esta capacidad actual de lograr relaciones persistentes en el tiempo que aumentan exponencialmente nuestro universo de relaciones, y la avanzada de la conexión permanente a Internet que nos incomoda cuando por algún inconveniente se ve truncada, dan muestras de algunos indicadores de un avance importantísimo. Esto es algo que el 2012 me mostró como algo positivo sobre todo por algunos procesos que se dispararon a partir de redes sociales, que comienzan a funcionar como reconstructoras de un tejido social seriamente dañado por un sistema que propicia el individualismo y el “divide y vencerás”.

Para finalizar, el año me dejó una preocupación en relación al cambio climático, a la cantidad de terremotos que sufrimos, y las catástrofes que son un sub-producto de la acción del hombre. Muy de la mano éstas de una cultura consumista ecológicamente irresponsable, un sistema económico que no admite crecer sin destruir a su paso, y el veneno de la especulación dentro de una era transaccional donde para dar algo necesariamente debo especular para ver qué y cuánto recibo a cambio para asegurarme el futuro en forma totalmente insolidaria en un esquema de ganadores y perdedores que atomiza los recursos y el poder.

Hace ya 2 años que comencé el proyecto de Mundo sin Dinero y si bien es una apuesta al futuro porque aún cuesta mucho que podamos pensar “fuera de la caja” e imaginar un mundo completamente distinto con un paradigma de economía solidaria, aún así creo que el propio sistema capitalista e incluso el avance del cambio climático nos obligarán dentro del shock que producen a replantearnos el camino a seguir porque en la actualidad entre los recursos y las soluciones se encuentra la barrera del dinero, el cual no fluye ni alcanza, por lo que es probable que más temprano o más tarde se produzca una implosión. El 2012 me dejó algunas muy buenas señales y el 2013 es una esperanza, como todo año que comienza.

Ojalá despertemos, imaginemos, nos esforcemos, tomemos conciencia de la violencia y actuemos juntos para desactivarla permitiéndonos crear brillantes y multicolores burbujas de creatividad y sueños que nos movilicen. Porque no hay nada que produzca mayor felicidad y entusiasmo que un futuro abierto y brillante con acciones concretas que paso a paso lo acercan al presente.

Para todos les deseo un 2013 lleno de interesantes desafíos que nos hagan salir del individualismo y la apatía!

Un fuerte abrazo.

El problema de los datos y la información

Desde que la ciencia y la tecnología evolucionaron han ido generando más y más datos, más y más información. Evolucionamos la tecnología no sólo para medir, sensar, detectar, relevar y trasladar la información sino para almacenarla en cantidades difíciles de representar para un simple mortal.
Pero al mismo tiempo, ha ido evolucionando un sistema económico, una organización y una cultura, que pone el foco en las ganancias que pueden obtenerse. Por tanto, la información es una de las nuevas niñas mimadas de la generación de ganancias.
El traslado de la información es aún el negocio más importante, porque la información viaja por la televisión, Internet, diarios, revistas, radios, libros, y una cantidad muy amplia de métodos. Algunos particularmente muy prolíficos comercialmente hablando.
Por último la generación de esa información es otro de los grandes mega negocios de la era actual.
Si conectamos los puntos y los encerramos en un círculo que represente a sistema económico capitalista, la producción, almacenamiento, traslado y consumo de información van a representar una generación de ganancias nuevamente difícil de representar para un “simple mortal”.
Pero como es de público conocimiento, en un sistema económico capitalista no hay transacción sin especulación. Hay a su vez una enorme concentración de poder relacionada a quienes manejan este negocio. Y son estas personas y sus corporaciones las que tienen importantes intereses políticos para que sus organizaciones tengan aún más poder. Por lo tanto, teniendo una herramienta especulativa de tal tamaño, sin dudas que toda organización generadora o transportista de información de alto nivel, tendrá interese políticos formados, y por tanto, manipulará la información creada y entregada para su propio beneficio, o el beneficio de accionistas o empresas con las cuales se asocia, incluso si son medios del gobierno de turno.

Es de esperar por lo tanto que la mayor parte de la información consumida para nuestra toma de decisiones sea información contaminada. Así como el ser humano hoy contamina alimentos, aire, o agua, también lo hace con la información, por lo tanto es de vital importancia crear ciertos “anticuerpos” contra la información contaminada y manipulada, es de vital importancia lograr un estado de lucidez mínimo que, cual Neo en Matrix, logremos ver los unos y ceros en las paredes moviéndose, porque el marco en el que nos movemos es básicamente una realidad construida, porque construimos nuestra percepción de la realidad mayormente por lo que nos llega a través de estos proveedores que contaminan la información para su propios intereses. Mientras tanto, como usuarios, en una inmensa cantidad de casos a nivel mundial, no contamos con herramientas adecuadas para analizar información, para ver generalidades, para conectar puntos, para tener un pensamiento crítico, para en definitiva hacer un mejor uso de la información, y por tanto tomar mejores decisiones que afecten a nuestra vida, nuestro futuro y el del mundo en general. Esto último es lo primero que está a nuestro alcance para mejorar, porque lo primero que podemos hacer es comenzar a abrir ese ojo introspectivo que analiza mejor lo que “entra” a nuestros dominios mentales, si es que pretendemos tener dominio y no ser dominados. Actualmente somos en gran mayoría dominados por este bombardeo de información contaminada, información que incluye desde la historia que nos cuentan durante nuestro paso por la escuela y universidad, simples cuentos infantiles, hasta el noticiero y los diarios. Todo tiene un grado de contaminación que puede ser analizado y detectado. Pero primero es vital que comencemos a generar los “anticuerpos” mentales necesarios para rechazar esta contaminación y evitar que se nos “pegue” en nuestra mente de forma tal que nos nuble la visión hasta el punto en que nos impida literalmente ver la realidad y sólo seamos meros autómatas al servicio de “la voz” que nos indica lo que pensar, decir y hacer, como hoy sucede tan ampliamente.

La producción, transporte y entrega de información deberá necesariamente comenzar a ser parte inicial y fundamental del cambio que queremos ver en el mundo. Precisamos que estos tres pilares se constituyan por fuera del esquema del negocio y la especulación, y necesitamos desarrollar los “anticuerpos” que nos permitan descontaminar la información existente y producir nueva información. La creación de esa información atenta contra las bases fundamentales del sistema actual, por lo que ya se ha visto que genera reacciones violentas de muy distinto calibre por parte de corporaciones y gobiernos, pero desde mi visión actual, es probable que sea estratégicamente la primer mejor inversión de tiempo y energía que podamos aplicar quienes deseamos ver un cambio importante en el futuro próximo.

Si tienen 2 horas y media, no dejen de aplicarlas en ver este documental llamado The Corporation que me incentivó a escribir este artículo. http://www.youtube.com/watch?v=Rue2-g5F82U

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